domingo, 13 de diciembre de 2015

LAS CASAQUILLAS CELESTES DEL ONCE DE MIS AMORES

Por Manuel Araníbar Luna
Año 1956. Este escriba andaba aún por los seis o siete años de edad. No existía aún la TV. La radio y los diarios  eran amos y señores de las comunicaciones. En casa teníamos un inmenso radio Phillips con forma de órgano de catedral que captaba señales en onda corta, larga  y media. Los sábados y domingos por medio del programa de Oscar Artacho escuchábamos su programa Pregón Deportivo que siempre empezaba y terminaba con el tema “Marcha de las Américas” cuyas primeras estrofas eran más o menos  así:
Un canto de hermandad, de buena vecindad,
Unidos nos tendrá eternamente…
 A diario mi viejo  compraba La Prensa, El Comercio y mis hermanos traían a casa Ultima Hora y La Tercera (ambas en ediciones vespertinas). Pero aún no sabía leer. Rogaba a mis hermanos para que me lleven al estadio, un monstruoso edificio ubicado a pocas cuadras de mi casa y que no lo conocía por dentro. Pero siempre ellos alargaban el plazo llenándome de peros, que estás muy chibolo, que quiero ver tus notas, que cuando aprendas a obedecer, y patatín patatán.

El once de la casaquilla celeste…
Iletrado aún, me contentaba con mirar sin entender las tiras cómicas y las fotos de equipos y jugadores. Y de repente, ¡flash!, de un día a otro uno se da cuenta que la A no es una escalerita, que la J no es un ancla ni la O es una boca abierta. Y apenas uno aprende a leer devora todo lo que se le ponga al frente. Mis primeras lecturas fueron –obvio decirlo- deportivas tales como los posts de las revistas Sport, El Gráfico y Estadio; Borocotó, Rodolfo Espinar, Pocho Rospigliosi,  y las noticias deportivas en replana de Ultima Hora junto con las tiras cómicas de Sampietri y Serrucho.  Fue en una de esas fotos de última página donde vimos la delantera de Sporting Cristal en pleno, integrada por Navarrete, Zunino, Saco, Mosquera y Faustino ‘El Chino’ Delgado, el once de la casaquilla celeste, frase que mencionaba Oscar Artacho por las ondas radiales y cuyo color  sólo podíamos imaginarlo porque las fotos sólo se publicaban en todas las tonalidades de gris.
lanoicaN oidatsE…
Pero mi suerte cambió de pronto un frío domingo, supongo que de Julio o agosto, mi hermano  Dante, el mayor de todos, hincha del Sucre de entonces, haciendo caso de mis ruegos me llevó al Nacional a ver el encuentro Cristal vs Sucre. Salté hasta el techo cuando soltó una frase que jamás olvidaré:
-¿Querías ir al estadio, no? Ya, alístate, que salimos en diez minutos.
Me alisté en dos minutos, y creo que en menos. Mi hermano, como todo hermano mayor, quería convertirme en hincha del equipo de sus amores, el Mariscal Sucre, equipo en el que había destacado años atrás  mi tío José ‘Gallareta’ Luna, hermano de mi madre.
Mentiría si dijera que vi el partido preliminar entre Ciclista e Iqueño. interesado como estaba en descubrir las maravillas de cada rincón del coloso, ¿Qué atención iba a prestarle al encuentro si me encontraba boquiabierto el modo en que los espectadores asomaban casi corriendo por las monstruosas fauces de las puertas de ingreso; las tribunas de Oriente y Occidente con sus bancas de color granate; sorprendiéndome con detalles tales como las propagandas en lo alto de las tribunas; unas misteriosas letras que se leían LANOICAN OIDATSE, y los gritos y mentadas de madre de los hinchas ante cada  jugada?
Terminó el partido y los jugadores se metieron a los camarines laterales de Oriente. Minutos después, en momentos en que miraba boquiabierto la puntería extraordinaria con la que un vendedor, colorado y canoso él, lanzaba caramelos a sus clientes -previo pago porque la yuca no es exclusiva de estos tiempos-, mi hermano se puso de pie y me sacó del éxtasis con un grito y un jalón.
-          -¡Levántate y aplaude, que ahí salen!
Era el Sucre que emergía de los túneles de la tribuna Sur con sus casaquillas blancas cruzadas  por dos bandas celestes y pantalón negro. Aplausos desde las cuatro tribunas.
El escudo en la contratapa…
Un minuto después apareció el elenco que esa noche me quitaría el sueño. Era el conjunto celeste que bajo la dirección de don Lucho Tirado iba ganando el campeonato al galope. Sus casaquillas eran  de un celeste satinado. Pantalón blanquísimo y bolsudo. La faja del suspensor superando la altura del ombligo, medias blancas. Entre tanto brillo destacaba la figura  del arquero, un moreno alto vestido todo de negro y rodilleras blancas, llamado Rafael Asca.  Los cerveceros saludaron a la tribuna desde el centro del campo pero sólo recibieron pifias y algunos aplausos desde Occidente (años después me enteraría que aquellos aplausos provenían de los esposos Bentín rodeados de familiares y amigos). Y en la tribuna Sur creo que sólo yo aplaudía, con lo cual mis manos enrojecieron. 
No recuerdo cuál fue el marcador con el que ganó el encuentro este cuadro rimense pero sí que esa noche dibujé nuevamente en las contratapas de mi cuaderno el escudo que ya había bosquejado antes sin haberlo visto jugar: un escudo con la bandera nacional en la parte superior y las letras SCB en el centro.
El encuentro con Asca.
Las frases de mi hermano en pleno encuentro enumerando las maravillas del elenco cruzado  me entraban por un oído y me salían por el otro porque ya yo había elegido al cuadro cervecero por varias razones: primero, los triunfos seguidos del elenco; luego, las emocionantes y bastante exageradas narraciones de Artacho. Por último, pero no menos importante, el brillo de las camisetas satinadas que se acentuaba mucho más con la  transpiración de los jugadores. Pero mentiría si dijera  que era ya un hincha-hincha de los de hoy en día, vehemente y radical, dogmático y apasionado. El fanatismo lo marcaría después mi inolvidable encuentro con Don Rafael Asca y Dante Rovay y la propina que recibí de él en la tribuna Sur. Pero mi encuentro más cercano con aquella casaquilla satinada ocurrió un par de años después en la Casa Tito Drago, mas no la pude tener entre mis manos porque nos separaban los vidrios de una amplia vitrina. 
Casaquillas de la moda retro…
Han pasado sesenta años, las antiguas casaquillas satinadas sólo podemos verlas en fotos de la época, ha cambiado año tras año de diseño de camisetas, algunas de celeste clarísimo, otras  casi llegando al azul eléctrico como la del 70, pasando por el polémico turquesa del 2012; los diversos tipos de cuello, desde el cuello V hasta el redondo, y los estupendos diseños artísticos de los 90’s, estos sí satinados. Pero valgan franquezas, si me dan a escoger una de ellas me inclinaría por aquella lustrosa, vistosa, ganadora casaquilla satinada de inmenso cuello orejudo como un murciélago blanco  del equipo cervecero que nació campeón.

En estos tiempos en que la onda retro que está en boga, si el club se decide a mandar confeccionar una imitación de las casaquillas del once campeón del 56, palabra que sería yo el primero en correr a comprarme una. Y estoy seguro que no sería el único interesado. Por ejemplo, Pablito Merea, uno de los legendarios fundadores de las barras celestes, está imponiendo las camisetas celestes retro. Y ha prometido confeccionar las casaquillas del año 56, el de su primer título. Ya Pablo tiene un primer comprador de las famosas casaquillas, este pechito celeste. 

2 comentarios:

  1. que bellos recuerdos
    mi papa me llavaba al estadio a ver al cristal pero como en mi casa todos eran celestes no tuvo que convenserme, yo fui quien lo convencio. el me llevo a tanta insistencsia mia argumentando que ahi se hablaban muchas lisuras. el iba con mis hermanos mayores hasta que por fin a los doce años me llevo al nacional. y experimente lo mismo que el cronista. no mire el partido sino todo lo que pasaba en las tribunas. jamas olvidare esos lindos momentos aunque para mi mala suerte ese dia el cristal perdio el partido.

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