domingo, 22 de mayo de 2016

‘CHITO’ DE LA TORRE, EL VERDADERO PATRÓN EN LA BOMBONERA (I)

Por Manuel Araníbar Luna    @squinaceleste
Imagen: fotosfutbolperuano.blospot.com
Una frase de Héctor Chumpitaz:
—El jugador a quien más admiro en mi puesto se llama Orlando De la Torre, por sus saltos en las jugadas aéreas, por su anticipación y su serenidad para salir con pelota jugada; pero principalmente por su don de mando, por su temperamento, por su bravura. El Chito jamás daba un encuentro por perdido.
La frase de Chumpi es el hidalgo reconocimiento de un caballero sin pizca de egoísmo y mucho menos exhibicionismo farandulero. Toda nuestra admiración para Chumpi, por poner las cosas en su lugar y reconocer quién era el papá: Orlando Furioso. Ahora una declaración de Challe.
—Tuve que meterle taba a Rulli porque Chito de la Torre me había advertido: “Si no les pegas a Rulli  te pego yo a ti”. Y tuve que obedecerle.
La frase parece criollada de cantina o payasada figuretera pero en realidad manifiesta un respeto al patrón de la zaga peruana. Es una colorida viñeta de lo que pasaba en la Bombonera ese 29 de agosto del 69. La advertencia de Orlando ‘Chito’ De la Torre era terminante y  no tenía ni una micra  de broma porque el contexto era más serio que el calentamiento global: se estaba jugando la clasificación para México 70.  
Esa misma tarde, antes de entrar a la cancha, tras las indicaciones de Didí en portuñol y las acostumbradas barras de ¡Arriba Perú!, de jugadores y dirigentes, el Chito ya les había lanzado su propia arenga, su personal grito de batalla.
—¡Aquí nadie se acobarda, carajo!  ¡Y al primero que se acobarde yo mismo me encargo de sacarle la...!
Con cintillo y sin él…
Aunque capitán y caudillo tienen el mismo origen, (del latín capitellium, cabeza), con el correr de los siglos los términos han entrecruzado rutas hasta desembocar en el deporte más popular con significados un tanto diferenciados. Usualmente se le delega la capitanía de un equipo al jugador más correcto, al de mayor edad o al de mayor ascendencia sobre sus compañeros. Ahora hagamos un paréntesis trasladándonos a la selección actual y tracemos un paralelo entre Pizarro y Guerrero. Capitán es Pizarro. ¿Ya notaron quién es el caudillo, y sin necesidad de ponerse el cintillo?
En aquella selección, Chumpitaz era el capitán, pero Chito era quien sacaba cara en los pleitos. Aclaremos,  no era el único porque todos metían puñete, pero la iniciativa era de él. El capitán lleva el cintillo al brazo, escoge cancha ante el lanzamiento de la moneda, reclama al árbitro y da indicaciones a sus compañeros. El caudillo no necesita cintillo al brazo porque su aura genera adhesión, se hace seguir y obedecer sin dar órdenes. Y cuando es necesario,  pone el pecho en las broncas, guapea, encara, regaña, amenaza. La declaración de Chumpi, por ende, dice mucho de lo que era el Chito.
Guerreando escondido de las cámaras…
Si revisamos el video de aquella  gloriosa tarde de la Bombonera —que lo hemos visto más de cien veces—, Challe impuso su dominio del esférico con espectaculares pisadas de bola y un par de huachas. Destacó además por actuar tal como lo que hoy se llama un show mediático: les sacó la lengua un par de veces, en un momento dado le puso el globo en la cabeza a uno de ellos. Y luego un amago de cabezazo. Y paremos de contar.
Mientras tanto, involucrado en ese otro clásico de combos y patadas que se jugaba escondido de las cámaras y en el cual los argentinos saben sacar provecho, Orlando ‘Chito’ De la Torre, avezado por tantas peleas callejeras en Las Carrozas, Cinco Esquinas y La Huerta Perdida, se agarraba a puñetazos y codazos con los locales. En las infaltables montoneras que se suscitan tras una infracción, el Chito les metía miedo en su propia cancha en momentos en que espectadores y  jueces miraban para otro lado.
Claro que luego del partido todo el mundo llevó agua para su galonera. Los periodistas de aquel entonces le contaron la historia distorsionada a los hinchas del equipo de Challe quienes hasta hoy se regocijan con aquella fabulosa historia que se viene repitiendo año tras año.  Además sólo mencionan a Challe. Para ellos, los otros seleccionados —menos  Cachito por su gol— estuvieron  poco menos que pintados en la pared.
Otros tigres celestes en la Bombonera…
Y es que en aquel partido Challe —engreído de los titulares deportivos desde dos años antes— aparecía en primer plano y vale decir que su imagen vendía. Y con su exhibición de criollada se lograba bastante carnecita para los periódicos. Los titulares y la leyenda fueron mayormente para Challe. Pero todos destacaron por igual. No obstante, si nos tomamos el trabajo de repasar el video notaremos que Perico también hizo su show, Chumpi las ganaba todas; Cubillas rompía gente, Cruzado quitaba bola y armaba juego;  Baylón entraba con fuerza por la derecha. Risco, el de menos experiencia, tampoco arrugó. Cachito puso sus dos goles.
Eloy Campos, otro tigre celeste,  en cada venenosa carretilla hacía volar  a los argentinos contra los anuncios del borde de la cancha, y  los pechaba cuando se levantaban para  atarantarlo a punta de jarabe de lengua.  Soslayan, además, las atajadas de Rubiños en los momentos en que los argentinos se metían con todo, cuando los cobardes e impotentes tribuneros le arrojaban botellas, pilas y bolsas de orina desde una altura de treinta metros. Tan tupida era la lluvia de botellas que para desgracia de los locales, uno de los proyectiles le cayó a un jugador albiceleste, Y en un  apilamiento de jugadores en que menudearon codazos, patadas a las canillas  y escupitajos, Orlando De la Torre recogió una, se la escondió debajo de la camiseta e hizo retroceder a varios locales. Y los jueces del partido tampoco lo notaron.
El momento culminante, previo a la apoteosis del  pitazo final, se produjo tras el segundo gol de Cachito. Mientras todos lo apachurraban llenos de júbilo, El Chito, Orlando el Valiente, se agigantó mucho más mostrándole el pecho de la camiseta bicolor a la enmudecida hinchada blanquiceleste. Demostró su hombría alzando los brazos, cerrando los puños sin ningún miedo a la tribuna, un  gesto de hombría llamado también guapeza, y que muy bien sabemos la razón por la que no le dan la debida importancia: los medios de ese entonces ya tenían sus jugadores y clubes preferidos.
Los valientes sí lloran…
Pero volvamos al Chito, que no pudo redondear la gesta porque fue expulsado por relojear. Ya sin camiseta en el camarín, al escuchar el estruendo de la celebración del tercer gol argentino, el caudillo —creyendo que por su expulsión se perdía el partido— se agarra de rabiosos cabezazos contra la pared. Menos mal que  el gol es anulado aunque Chito lo ignora. De pronto un dirigente entra y lo carga felicitándolo por la clasificación.
Dicen que los valientes no lloran. Pamplinas, sí lloran pero en caleta. El Chito nos contaba que siguió derramando lágrimas pero encerrado en la ducha para que no lo vean sus compañeros. Es que por su temperamento no podía, no debía dar señas de debilidad. ¡Salud Chito!

Continuará…

4 comentarios:

  1. QUE BUENA
    LE MOSTRE LA CRONICA A MI VIEJO PTM MI VIEJO SE EMOSIONO.Y ME CONTO LO QUE PASO MINUTO A MINUTO. PARA CHITO NO HAVIA CUCOS. DESPUES ME CONTO LO DE LA BRONCA EN LA BOMBONERA CONTRA BOCA. UN MACHASO EL CHITO

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  2. Chito es ídolo y caudillo. Ya no hay como él.

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  3. no lo he visto jugar a orlando de la torre el chito pero chito es mas celeste celeste que el carajo y por lo menos deben ponerle su nombre a la tribuna vacia del gallardo que da al rio. salud chito ptm

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  4. Merece un homenaje en grande.todo lo dio por la celeste y ni que se diga por la seleccion, pueden salir nuevos valores y buenos pero como Orlando De La Torre, ya no ya, Salud Campeon!

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