viernes, 26 de septiembre de 2014

EL MAXI Y SU GOL PARA LA CHAMPIONS

Por Manuel Araníbar Luna
Apenas nos enteramos de su contratación nos sumergimos en la web en busca de su biodata y sus actuaciones en los planteles en los que jugó (Temperley, Estudiantes, All Boys), de pasadita buscamos en Youtube. Ahí pudimos ver los goles que anotó. “No está mal”, dijimos, “ahora queremos verlo en el Sporting Cristal”.
Ya en Lima, algunos arguyeron una serie de defectos: que era demasiado bajo, que lo que se necesita es un central y no un media punta, que la máscara del Zorro y que patatín patatán. Pero, como dijo la novia del enano, “el tamaño no es lo que importa sino su rendimiento”. Si no, miren al Chorri, miren al Irven, miren al Piki.
En sus primeros partidos con la celeste anotó un par de golcitos pero para algunos seguía sin llenar la vista. Es que la afición celeste no quiere palabras, lo que quiere el hincha son goles, pide goles, exige goles. Pero el Trompita quería justificar su sueldo. Ya había demostrado que ganas no le faltan, que el espíritu de lucha tampoco pero, a pesar de los golcitos le faltaba el golazo decisivo, el que se anota contra aquel enemigo gratuito que nos odia por quitarle campeonatos y por ganarle a cada rato en el estadio de Gremco.
El Maxi se había fallado dos chances no muy cantadas pero sí esperadas en el primer tiempo. Llámenle por apurado o por falto de puntería, nosotros le echamos la culpa al arquero de la visita que salvó a su equipo de una goleada.
Para sacarlo en procesión…
Pero en el segundo tiempo ya había anotado el Irven el segundo gol. Habían expulsado al Yoshi (¡hasta cuándo Yoshi!), y la visita estaba apurada por empatar a punta de pelotazos a la caldera del diablo que no le dieron frutos ni raíces ni nada que se pueda cosechar. Por el contrario, la cosecha fue un tercer gol. Una pintura de gol como para ponerle marco, construirle unas andas y sacarlo en procesión para el mes de octubre con hábitos celestes y escapulario con la imagen del viejo Balerio.
Era un tiro libre pegado a la esquina de Norte con Oriente. La visita esperaba un centro de Loba, pero Carlitos es caprichoso y medio Contreras, porque siempre hace el reverso de lo que espera la visita. No sabemos si el Trompita Núñez se la pidió pero el Loba es así, hizo la clásica, se la dio en cachetada sin mirarlo y el Maxi la enganchó para adentro. Y cuando los troncos de la visita estaban pensando hacerle un pan con mojarrilla para cobrar la herencia de Michael Jackson, el Trompa volvió a enganchar a la contraria y se escurrió  como un lenguado entre ese par de postes llamados defensores. Ambos quedaron pan con pan mirando hacia la tribuna esperando que les tomen fotos con el celular, mientras tanto ya estaban llegando otro par de refuerzos con camiseta percudida pero ya el Maxi había descorchado un patadón a rastrón que sonó como el destape de una botella de champán. La chancha pasó entre las piernas de la otra pareja de troncos,  de otro que marcaba al Irven, por debajo del arquero para abrazarse con las redes, feliz de haber recibido tan amable trato.
No los perdones, Maxi…
La afición estalla y el tablero está allá, mostrando un tres a cero definitivo. Maxi, se quita la camiseta como para obsequiarla a la tribuna, cuatrocientos hinchas la esperan. El árbitro le saca la amarilla más que todo por mero trámite, porque en realidad quiere pedirle autógrafo. El Trompa no se lo concede y más bien se reconcilia con la hinchada y hasta con los mismos periódicos chicha. Pero sólo en ese mágico momento del orgasmo del gol porque el Maxi esta semana no atiende a esos payasos que le habían dado  con palo por el solo hecho de jugar por la celeste.

No los perdones, Maxi, porque sí saben lo que hacen.

1 comentario:

  1. Para mi fue el mejor jugador del campo. ojala jugara siempre asi. pero tambien hay que agradeser a loba porque los tres goles salieron de sus pies.

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