martes, 3 de febrero de 2026

EMPATE AMARGO CON GOL DE SANTI

 Por Manuel Araníbar Luna

Autuori se había propuesto no renegar, blasfemar y mucho menos rugir mientras dirigiera los partidos cerveceros. Era cosa sabida que esto no se iba a cumplir cuando en el arranque una defensa más abierta que cochera sin portón dejó pasar un disparo de Ascues. Autuori envejeciendo hasta los 90 años más IGV, volteó y se lo dijo al Orejón en portuñol:


—¡Isso não pode acontecer!, ¡Eu disse a os mios jogadores para não deixarem os rivais oportunidade para chutar em direção ao nosso arco!

No hubo necesidad de intérprete. Soto le entendió.

Ahí no quedó la cosinha. Cuando el chibolo Ascues disparaba una y otra vez sin nadie que lo contenga ni un pitbull que le ladre a don Paulinho le aparecieron  cien arrugas más en el rostro. Y no es que al ex celeste lo dejaran suelto sino que los cusqueños tenían una movilidad rapidísima. Imposible que Yoshi, Távara e Ian se multiplicasen por seis en el Cusco, a 3,300msnm, lo cual se siente como jugar contra dieciocho jugadores. 

En el techo del mundo…

Quienes saben de preparación física aseguran que los jugadores no acostumbrados a correr en zonas altoandinas sufren un ahogo en los primeros 20 minutos. Luego se estabilizan, no digamos hasta la normalidad, pero por lo menos recién sacan la lengua al iniciar el segundo tiempo cuando todos, incluso los locales, necesitan balón de oxígeno. Tengamos en cuenta que los recién asimilados brasileiros no están acostumbrados a jugar en el techo del mundo. Pese a ello algunos jugaron hasta el final. No al cien por ciento pero por lo menos terminaron trotando.

Poquinho a poquinho, el equipo celeste de acá —esta vez con la camiseta azulina del aniversario 70— fue ordenándose y avanzando hacia la valla de los celestes de allá. Por su derecha, Juan Cruz casi crucifica a Zubzuck en tres oportunidades.  Vale decir que con disparos un tanto fuertones. No obstante, en respuesta a los ataques cervecero, otro cabezazo en las narices de toda la defensa rimense y don Paulinho casi se infarta. Aire para mí tío, plis.

“Vizeu, no bajes tanto…”

Por la zurda, Cristiano no se dejaba arredraba por los firuletes por el chileno Arancibia. Trababa fuerte sin mala intención y listo el pollo. El trencito colorado empezaba a demostrar que había llegado con tres pulmones y apoyaba quitaba y acompañaba pisando las dos áreas. Távara y Yotun se zafaban de la presión y empezaron a hilvanar jugadas con Gabrielinho.  El problema era que Vizeu bajaba a recoger bola hasta un cuarto de cancha cervecera porque no lo alimentaban ni siquiera con una sopita de maca con kiwicha. Cuando el 9 cervecero llegaba al área rival perdía fuerza. Así se fueron al camarín rapidito para agarrar primero los tanques de oxígeno.

Para el segundo tiempo Ascues vacuna de verdad. 1 a cero. y además se suscitan dos peligros de gol que Enriquez, al estilo del Hombre Araña, salva con las uñas. Ya era tiempo de cambiar a varios que se estaban amoratando. Entran Catriel, Maxloren, Cazonatti y Ávila, a quien la altura no le afecta por ser huanuqueño. Faltaba el Hombre Lobo que otras veces ha demostrado que tiene fuelle, pero donde manda capitán…

Todos los santos rimenses…

¡Ya pe’, cerveceros! Los celestes de acá no podían perder con los celestes de allá porque Papalindo tenía que jugar para el Rímac, un distrito lleno de iglesias. A ver, contemos: en cancha jugaban Cristiano, Cruz, el apóstol San Tiago y el arcángel san Gabriel Santa Ana. Lo que faltaba era lanzarse con tridente al empate y rezar para que no les metan más goles de contragolpe. Picados por el marcador en contra, por la angustia de terminar perdiendo en su primer partido y, pensando en evitar un derrame biliar de Autuori, vuelven a atacar con más insistencia y mayores ganas. Eso, eso, eso, muchas ganas y actitud.

Ante tanta inisitencia se les presenta la Virgen. Gabrielinho quita una bola y se la juega al Irven. Este se la devuelve pero equivocada. La recupera Maxloren y habilita a Santi (hay que llamarle San Tiago esta vez) que no perdona y fusila al arquero cusqueño. El juez de línea creeyendo que está en Plaza de Acho levanta su banderín, y luego de escuchar los últimos chistes del VAR, Kevin dice que Santi no cruzó la línea roja.  1 a 1 y los celestes van por más, pero le anulan un gol al Irven. Kevin dice chau y se concreta el empate con sabor a té jazmín.

El otro santo

Ah, olvidábamos al otro santo que ayudó, no a ganar sino a no perder: San Diego. Sí, Diego Enríquez. Salvó tres claritas y un par de yemas. Hay que prenderle una velita a Papalindo.

Conclusión: aquí no celebramos empates, pero por lo menos nos traemos un punto. Buenas noches

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