domingo, 12 de diciembre de 2021

¡TREMENDO EQUIPO BICAMPEÓN 79-80!

Por Manuel Araníbar Luna


Teníamos que ir a La Florida sí o sí, llueva o truene. Y todo porque supimos que por el 66° aniversario del Sporting Cristal se exhibirían en La Florida los trofeos y camisetas celestes de todos los campeonatos. No había que pensarlo dos veces. Un verdadero hincha celeste no se puede perder la oportunidad de tener tales joyas a la distancia de un apapacho de novio.

Luego del nostálgico paseo de las remembranzas, como era de esperar, empezaron los brindis. Y para calentar la celebración por la rica historia cervecera, cada uno de los periodistas e hinchas relataba una anécdota de su repertorio. A mí me tocó hablar de la primera camiseta que vi en mi vida, la del 56 a mis seis años de edad, de lo cual escribí años atrás.

Las eternas olvidadas…

A cada paso que dábamos en el salón de los recuerdos cerveceros, cada camiseta, cada trofeo, cada medalla removía con cucharita de plata los conchos de la memoria y suscitaba comentarios de abuelitos a sus nietos:

—ah, esta es del año tantos cuando campeonamos con goles de…

Me causa admiración la paciencia e iniciativa del amigo Gino Paoli para coleccionar las inconfundibles camisetas celestes en una rica historia de más de seis décadas, las cuales muchos conocían sólo por fotos de antiguas revistas o amarillentos álbumes ajados por tanto manoseo de adolescente. Sin embargo, nos maravillaba más su obstinación para hacerse dueño incluso de las antiguas casaquillas alternas, aquellas que se hongueaban en el baúl como los eternos suplentes, las olvidadas camisetas a las cuales nadie les paraba balón, las que el utilero desempolvaba del equipaje cuando había que jugar de visita contra un equipo con camiseta de color parecido, pero luego del partido se guardaban dobladitas entre los trapos viejos con la promesa de “quédate ahí quietita que en cualquier momento venimos por ti”.

La jaqueca de don Marcos…

Cada camiseta tiene una historia propia, única y no intercambiable. En sesenta y seis años hubo tantas que habría que escribir un libro para cada una con los jugadores que la sudaron aquel año, anécdotas de tal o cual partido, entrenadores de aquel año y uf, sería tarea de Funes el Memorioso dictarle cada detalle al escribidor de los deportes. De modo que escogimos una camiseta al azar, la de 1979. Vimos al profesor Roberto Mosquera al lado de las camisetas con las que campeonó como jugador en los años 79—80 y, click, el flash de los recuerdos despertó a los hámsters en la pantallita virtual. ¡Mamma mía, qué equipazo el del 79!

La dirección estaba a cargo de don Marcos Calderón (+), el entrenador de genio fuerte y piernas chuecas, cuyos gritos se escuchaban de tribuna a tribuna: “¡Suba Fernando!” para que Mellán vaya a saltar, cargosear y distraer a los centrales adversarios en los tiros de esquina a la valla rival y tan pronto terminaba la jugada roncaba nuevamente: “¡Regrese Fernando!”. A Uribe lo tenía loco: “¡suelte la pelota Julio César!” porque el Diamante no la soltaba ni para ir a bañarse. Don Marcos no aguantaba engreimientos ni jugadores resaqueados. La obtención del bicampeonato se debe en gran parte a la férrea disciplina que impuso a su plantel.

Imaginamos la jaqueca que le daría cada fin de semana a don Marcos Calderón para escoger sólo a once jugadores en una planilla de en la cual todos eran de buenos para arriba. Quiroga, el capitán Chumpi, Soria, el Mudo Gutiérrez, el Loco Carbonell, Panadero Díaz, el pundonoroso Navarrito, el tío Mellán a quien muchos querían jubilar porque ya estaba por doblar la esquina de Bejarano pero aún seguía macheteando y ganando los saltos a muchos delanteros más altos que él. ¿Cómo no te voy a querer, querido equipo cervecero?

Smoking y overol…

El mediocampo era una mezcla de artistas de smoking y corbata michi con obreros de overol y maletín de herramientas: el Flaco Quesada, un volante con velocidad de caballo de carreras y gasolina como para tres partidos al hilo; Pedrito Chinchay con las mismas características del flaco, y que también la tocaba en paredes de tuya y mía. Julio Aparicio, campeón sudamericano el 75; El Cabezón Mifflin a quien ya se le hinchaba la guata pero no perdía la visión panorámica y seguía lanzando los misiles kilométricos para sus punteros; Lucho Reyna, el mismo que años después borrara del campo a Maradona. ¿Cómo no te voy a querer, cuadro querido?

El Dúo Dinámico…


El centro delantero era el Trucha Rojas, un valiente ariete que triunfara en Argentina. En el puesto nominal de 10, cinco metros detrás del Trucha, un chibolo quimboso llamado Julio César Uribe, con un dominio endiablado de la pelota al punto que la gorda le obedecía como cobra embelesada por un faquir que inventaba nuevas jugadas en cada partido. En la banda derecha su compadre Roberto Mosquera, un rapidísimo puntero al que Muñante le ganaba tan sólo por un par de décimas en los cien metros planos. Ese par de chibolos que jugaban juntos desde los diez años hacían paredes y toques de pa’ tí pa´mí, la hacían bailar la bamba, la bemba y la bomba y la hacían cantar “tócame suavecito”. Y en verdad la tocaban con chimpún de seda, tan suave que ni ella se daba cuenta; bordaban filigranas en punto telaraña, armaban Legos y trazaban en el gramado las figuras de Nasca, pero con luces celestes y se comunicaban por telepatía. Ya sabía Mosquera que Julio César se la iba a centrar para conectar el enchufe y hacer el cortocircuito con relámpagos en el arco del enemigo. O viceversa, Roberto se llevaba a varios en diagonal y luego entregaba la ofrenda para el Rey de Diamantes que la metía como viniera. ¿cómo no te voy a querer, cuadro querido?

Tin Marín de do pingüé…

Por la punta zurda otro maestro, el Ciego Oblitas con su trajín incesante, que no la esperaba que se la pasen, era él mismo quien bajaba en apoyo de su defensa y a pedirla a sus compañeros, tarea que hoy no llama la atención pero que en esa época era inusual. Como si fuera poco, también jugaba Cachito Ramirez, que al año siguiente fue goleador del equipo y que había perdido velocidad, pero metía goles de folha seca; sin dejar de lado al veloz Ortiz Campos, sobrino del doctor Eloy. Con tantas figuras en aquel álbum celeste, para escoger a los once que saldrían a la cancha don Marcos no sabía a quién sacar de la lista, tendría que quitarse la migraña optando por el  tin marín de do pingüé, cúcara, mácara, títere fue…

Este equipo, con pequeñas variantes, fue la primera Máquina Celeste que de nuevo campeonó en 1980, logrando así su primer bicampeonato y además ostentando un récord de invencibilidad en veinte partidos. ¿Cómo entonces no te voy a querer, cuadro de mis amores, si me diste tantas alegrías?

2 comentarios:

  1. BUEN COMENTARIO Y BUENOS RECUERDOS PERO SE OLVIDAN KOKI HIRAMO , BISETI Y ASTUDILLO QUE TAMBIEN LA ROMPIAN. FELIZ 66 ANIVERSARIO !!! SALUD CELESTES!!!

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    1. amigo yean patrik hirano no jugo ese año para los celestes, koki recien vino el 83 campeono y jugo hasta el 85

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