jueves, 8 de septiembre de 2016

Peru 2 Ecuador 1: Renato cometió el asesinato

Por Manuel Araníbar Luna
Muy bonito es decir si del cielo te caen limones aprende hacer limonada. Muy bonito el dicho. Y muy bobito. Cierto, si tenemos todo un bosque de troncos jamás los vamos hacer jugar en paredes rápidas. Así que esa limonada de futbol jamás va tener sabor.
¿Juego en conjunto o de argolla?
Ya lo habíamos apreciado antes. Se habla mucho de la solidez de la selección como grupo. Eso está bien para los periódicos y la TV por lo que se ve en los entrenamientos de las concentraciones, a la hora de la comida o de los videojuegos. Pero en la cancha es otra nota.
Durante los primeros 45’ en el equipo peruano no se vio juego de conjunto porque no lo había. Claro, si los extranjeros llegan tres días antes no se les puede exigir más. Algunos ni siquiera conocen a los jóvenes recién convocados. Pero dentro de la cancha —todos lo han visto— el marcador izquierdo de un equipo del Descentralizado se la juega solamente para su compañero del mismo equipo del descentralizado y este para el delantero que es recontra causa de los dos. Este  no es juego de conjunto sino de causas de la misma camiseta, no la peruana sino la de sus cuadros de origen. Y esto no es ninguna novedad.
Algunos aún lo recuerdan. Hace más de veinte años Chemo llegó de España a  la selección con el aura de un elegido por los dioses (que en aquella directiva muchos se sentían como tales). Fue él con  su argollería quien causó el divisionismo en aquel equipo. Ni bien llegó, formó grupo (mejor dicho argolla) con sus excompañeros de equipo de Gremco. No le hablaba a nadie más que a sus compañeros de la camiseta desteñida. Y en la cancha, por supuesto sólo se la pasaba a ellos. Cuando le llamaron la atención el divo lanzó una perorata al mejor estilo madrileño:
—Vamoz, el resto pues, más pallá, puez mi estimado zeor, ezte zervidor no conocía a nadie, ¿Vamoz, qué otra coza podía hazer?  ¡Puez jugar con miz amigoz!

Eso fue lo que apreció el espectador. Ese primer tiempo fue lo más alejado de la realidad futbolística peruana. Claro que al frente se cuadraba un equipo compacto y bien estructurado; no se puede negar que desde hace un par de décadas tiene pergaminos y nos aventaja en figuras, en somatotipo, en profesionalismo.
El gol peruano fue más que todo por la inocencia de Achiller que levanta la mano como pidiendo ir al baño, pero en vez del permiso del árbitro recibió a la pelota. Es del caso recalcar  que la inocencia fue solo por la mano traicionera porque entre él y Mina le estuvieron dando codazos y cuetes nadita inocentes  a los delanteros peruanos.
Primera moraleja: Con la fuerza puedes atarantar  pero con maña te pueden superar.
El empate fue el desquite del que había metido la mano (y la pata). Esta vez en vez de meter ambas metió la cabeza sin que lo estorbaran ni siquiera los mosquitos. Así se fueron al cuarto en la pausa del cuarto de hora.
Para el segundo tiempo las cosas empezaron  casi igual. Cambiaron a Corzo que las vio negras ante Montero y entró Revorator quien se comenzó a proyectar. Se fue arriba tantas veces como pudo, incluso se perdió un gol en que la empalmó como los grandes pero la desvió como los monses. Vale tu esfuerzo Renzo, demostraste no ser menso.
Y en eso se acordaron los muchachos que se han criado en canchas de fulbito y empezaron a triangular como en un cuadrangular de cancha de fulbito con pollada y chelas.  Y así los rompieron. Yotun le grita “vente”  Benavente, Cueva sale de la ídem, la Pulga  empieza  picar a la de verdad. Y esto se transforma en un solo de toques que desbaratan a los grandazos del Guayas. Así tenían que jugar, divirtiéndose, vacilando, jugando al estilo  chongo pero con la napier bien puesta.
El gol de los botecitos.
Tiro libre. Se cuadra Yoshi pero Cuevita quiere consagrarse. Se esperaba un zurdazo de Yotún pero Cuevita se le adelanta y la bombea a la candela. La saca un grandazo, pero se la regala al  Yoshi quien luego de un botecito se la juega a Cuevita, este la deja dar un bote y la vuelve a bombear al fogón de los codazos. Muy alta y llega a los puños del arquero que la puñetea llevándose de encuentro a Revoredo. ¿y a quién le cae mansita saltando como un conejito? A Tapia, quien la jala a su lado y se da el lujo de acomodársela y darle el último botecito. Y Renato comete el asesinato. Ovación en las tribunas. Renato da otro salto de conejito y señala al cielo.
Dos a uno y esto se acaba señoras y señores, el Rímac inunda al Guayas. ¿Se acaba? Nooo, falta un siglo. Los del norte atacan más de desesperación y los de acá no tienen quién la duerma. Por último, dos años después, el juez dice que esto es cosa juzgada y que ya no ya. Chau, buenas noches.
Segunda moraleja. Si no puedes cambiar el estilo adáptate a él.
Coda.
1.    No es para tanto. Se ha ganado tres puntos pero no se gana la clasificación. Es sólo un poco de placebo para un futbol agonizante como el peruano.

2.    Todo entrenador extranjero que llega a Perú viene con su propio sistema, y algunos ni siquiera lo tienen, con su propio método (ya hemos pasado por ello en la Florida). Pero casi todos se equivocan en una cosa. Le quieren cambiar el estilo al futbol peruano. Mal. Muy mal. Árbol que nace torcido jamás su tronco endereza. A un tal Periquito Chiroque que pesa treinta kilos con dos piedras en los bolsillos no lo puedes hacer jugar al choque, del mismo modo que no puedes hacer jugar de taquito y pisada a un tronco como … (pongan ustedes el nombre del jugador más tronco que conozcan). 

3 comentarios:

  1. ESE TRONCO SE LLAMA SILVA...

    ResponderEliminar
  2. el otro tronco fue corso
    una puerta abierta

    ResponderEliminar
  3. buena cronica. Lo que no me gusta es el humo que venden lo diarios chicheros y en ese juego caen todos los de la tv en especial los de cmd y el mermelero de gonsalo

    ResponderEliminar