martes, 24 de febrero de 2015

Unas chiquitas antes de subir a la tribuna

Por Manuel Araníbar Luna    (@SquinaCeleste)
LA 12.
Un partido de local es un partido que se debe jugar con doce jugadores, el N° 12, obvio, es la hinchada. Hasta ayer se habían vendido más del 60% de las localidades. Pero no basta con llenar el Coloso, hay que hacerlo gritar, saltar en las graderías hasta hacerlas temblar como terremoto. El aliento de la hinchada en el Coloso debe ser ensordecedor, asfixiante, apabullante. El aliento debe ser incansable desde el pitazo inicial hasta después de los descuentos.
Un celeste que no está afónico después de un partido o es mudo o no es hincha.
Ah, y un último favor: No queremos pleitos entre hermanos barristas. Los jugadores se motivan escuchando cánticos de aliento y no insultos entre hermanos.
¿LA B?
Aquí entre la hinchada algunos alzaron la voz diciendo que mandar un equipo B a la tierra de los huerequeques era regalar puntos.
Cerveceros, es una falta de respeto llamarlo equipo B, como si se tratara de la carne de segunda –de burro y caballo- de las paraditas. Otros lo llaman “plantel alterno”. Suena bonito pero el aficionado sigue con el mismo prejuicio. El aficionado tiene que meterse en la cabeza que todos, jugador por jugador, están facultados –o deberían estarlo- para desenvolverse con actitud, coraje y conchudez en cualquier cancha.
HUMILDAD.

Algunos hablan de que los tachirenses son pan comido debido a que hace unos días perdieron por goleada en su cancha. Mal, muy mal. Todos los rivales son iguales, tienen once jugadores y vienen a defenderse y a atacar, según como se presente el partido. Salgamos a ganar con la mentalidad de no sentirse más que nadie, pero tampoco menos que nadie. ¡A ganar muchachos!

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