Por Aldo Alvarado Hinojosa, El Doctor Celeste
Corrían mediados de diciembre del 91. En la facultad se había podido coordinar un viaje a Iquitos, para que en esa ciudad se pueda hacer un trabajo de investigación acerca del Cólera, que por esos tiempos empezaba a hacer estragos en el Perú, llenando la sala Santa Rosa del Hospital 2 de Mayo, donde teníamos que ayudar a hidratar a pacientes colocando sueros y asistiendo enfermos. Toda esa sala olía a una pestilente “agua de arroz”.
Investigando
el Cólera en Iquitos…
Y
en ese contexto, por gestión de nuestro profesor y padrino, el Dr. Vicente
Carrasco Reyes (+), past Gran Maestre de la Logia Masónica, conseguimos viajar
a Iquitos en donde fuimos recibidos por las autoridades del Hospital de la
Amazonía, y también por algunas féminas que se enteraron que un grupo de
mozalbetes estudiantes de medicina, llegaban a Iquitos a realizar una tarea: El
primer trabajo de Investigación acerca del Cólera, dentro de la actividad final
del curso de Medicina Tropical, muy bien dirigido por dicho catedrático junto
con el Dr. Neyra (+).
Aguantando
el sueño…
Dicho
trabajo se realizó en la Comunidad de Belén, donde pudimos ver el grado de
contaminación en la cual vivía la población, tomando muestras de heces y
haciendo encuestas epidemiológicas -algo debimos de haber aprendido del curso
de Epidemiología del Dr. Ormaechea, ya que todos tratábamos de aguantar el
sueño de esas clases somníferas dictadas en pleno verano en el Aula Sergio
Bernales en el Hospital 2 de Mayo, aunque algunos como Chicho Valdivieso sólo
dormían la mona gestada en “Don Julio”.
Bajo
ese contexto de trabajo y también diversión, entre tabulaciones estadísticas,
Chi cuadrado y carreras de Mototaxis, culminábamos el día comiendo unas buenas
hamburguesas en la Plaza principal de Iquitos, en el ya famoso Ari’s Burger,
donde veías a tus compañeros como La Tota, o Cabeza de Coche (obviamente no
diré sus nombres) con un par de charapas a cada lado, y prometiéndoles
llevarlas Lima a casarse con ellas.
Y
llegó el día…
Cristal
jugaba un partido decisivo contra su archienemigo, no diré el nombre, sólo
mencionaré que podías perder con Muni, Melgar, el Yuri, pero JAMÁS con las
Chicken Nuggets, ¡jamás! El miércoles 18 de diciembre en la noche, nos juntamos
con “El Coyote” Gilmer Moreno Davila y “Quenayon” Carlos Enrique Quenaya Riva Y
por otro lado también estaba el resto de hinchas de Cristal de la promoción
-llámese “el barrio chino”-, Tomas Nakasato, Lucho Nakandakari “El Jefe” (+),
Hubert Mendoza, etc.
Comiéndome las uñas…

El Dr Celeste en La Florida con Roberto Mosquera
Lo
cierto es que el partido fue disputado de principio a fin, una digna final en
la cual con gol de Pablo Zegarra abrimos el marcador, y con el uno a cero
adelantado, luego Fernando Chapell cobra un penal ejecutado por Roberto
Martínez, empatando el partido. Y llegó la dura y decisiva tanda de los penales
donde mis uñas simplemente “pagaron pato” ante tanto nerviosismo ya que
se prolongó el lanzamiento de los penales hasta el número 7, en el cual Chany
Cáceda -padre del arquero suplente de la actual selección de Perú - falla el
tiro penal decisivo el cual es tapado por el Carón Miguel Miranda.
Entonces
empieza el júbilo, empieza la correteadera al son de “¡Campeón, campeón,
Cristal campeón campeón, campeón!", “nunca nos ganarán, nunca nos ganarán
siempre serán gallinas la P.M. que los parió…”, y corriendo por el parque 28 de
Julio junto al Coyote y Quenaya trepados en el poste gritando “¡Cristal campeón,
Cristal campeón!”, rápidamente una mancha de muchachos charapitas hinchas
celestes se aparecieron a nuestro lado y comenzaron a festejar con nosotros.
Desquite
por el incendio del bus….
Era
el 91, teníamos que haber ganado ese campeonato ante ese clásico rival. Ese año
algunos malos hinchas de la vocal habían quemado el bus del Cristal con los
jugadores dentro, el día en que Cristal le gana a la U en el Lolo Fernández
volteándole el partido. Qué insano juicio de esas personas para quemar el
ómnibus del Cristal y con personas adentro luego de una derrota.
Se
vinieron todos esos recuerdos y sólo festejamos saltando y saltando. Fue una
noche mágica y les aseguro que el volumen náutico del Río Nanay se vio
incrementado por exceso de agua de riñones, por las miles de cervezas que
tomamos los tres junto al Barrio Chino.
Fue
el 91, fue el campeonato celeste de 1991.
¡Salud
Cristal !

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