miércoles, 15 de agosto de 2018

LA PUNTERÍA SE QUEDÓ EN EL CAMARÍN


Por Manuel Araníbar Luna
Dicen que el fútbol peruano siempre es víctima de maldiciones gitanas, sortilegios de tumbas egipcias y maldiciones de la Viuda Negra. Gana a los más difíciles y se complica con los menos peligrosos. Jamás hemos creído en cábalas ni supercherías pero lo de ayer hizo pensar a más de uno en regar la Florida y el Gallardo con agua de ruda. Porque más piñas no pudieron resultar.

Cabe resaltar que no todo es fruto de la saladera cuando el DT visitante entra a la cancha con la firme intención de apretujar a sus once jugadores y pegarlos con cola sintética extrafuerte alrededor de su arco. No se le puede exigir, tampoco, a que enfrente al Cervecero con sus mismas armas, habiendo sufrido la ingrata experiencia de perder el Torneo de Verano contra los rimenses hace poquito nomás.
En posta como una peste…
Pato (15) tuvo poco trabajo, pero respondió en las pocas que lo exigieron. En particular un tiro a boca de jarrón que la supo barajar y dos pelotazos fáciles. El mismo Chaveta con Ch (12) jugó más armando juego que como marcador, salvo en algunos momentos cuando tenía que ayudar a frenar a un platanazo de dos metros apellidado Boghosián, un jugador muy alto pero más lento que una tortuga. Vagosián se la pasó todo el partido dándole con el codo a los jugadores rimenses ante la vista y paciencia del árbitro (?). Chavetita, al proyectarse tuvo el apoyo de Revoredo (12) que, aunque no pasó por situaciones difíciles, se ganó la cartulina por frenar a un delantero del equipo rojo que se le escapaba. Por su parte, Merlo (10), lo bueno que hizo con la mano lo borró con el pie haciéndose expulsar al dejarse llevar por la calculada provocación de un jugador visitante que se convirtió en el mejor actor de la película llamada Demoremos el juego hasta morir. Mientras que por el ala zurda, Jair (12), se proyectaba con la ayuda de Johan Gómez (11) que salía desde diez metros más atrás dela línea central. Gómez, que intentaba penetrar, la tenía difícil con tres jugadores rojos que lo atoraban en posta como una peste.
Ni con mirilla telescópica…
Con muy poca necesidad de quite en  el medio campo, Piki (14), al ver que la bola chocaba con los palitroques de la visita empezó a adelantarse y enviar pases en profundidad al estilo de los clásicos deliveries en callejón de Loba (14). El capitán y cerebro de la media cancha afinó la puntería con mirilla telescópica pero no hallaba cómo encontrar un clarito. De vez en cuando sacaba un zapatazo pero sus disparos fueron bastante imprecisos.  Siempre fiel a su estilo de obrero constructor, Ballón (14), subía y bajaba llevando pelota de acá para allá, pero nada le salió. Inclusive dos de sus  disparos de media distancia se perdieron en el bosque.
Costa (14) intentaba, quebraba, porfiaba  con su característica cargosería, pero al eludir a uno le caían tres. Cambiaba de punta y le caían cuatro. Se metía por el centro pero se estorbaba con Herrera (12). Es que, ya lo hemos dicho, en el área rival no sólo había once jugadores rivales, también estaban metidos diez celestes como cuñas. Por tanto no se podía triangular. A veces salía una pared pero sin consecuencias, uno se la pasaba al amigo pero la devolución no llegaba nunca porque siempre chocaba en las piernas de  un intermediario vestido de rojo.
Un bosque de piernas…
Rojo también, pero de ira, El Comanche, al ver que no la podían meter contra un equipo de diez jugadores, hizo cambios apresurados.  Sacó a un Loba cansado, aburrido y golpeado y metió a Calca (12) que poco pudo hacer al intentar armar juego y patear de media distancia contra un bosque de piernas y un árbitro miope. Sacó a Gómez y metió a Yuly (11) que no podía elaborar. ¿Qué hizo Mejía, o mejor dicho, qué intentó hacer? Disparar de media distancia y logró empalmar una pero de derecha, la cual es su pierna coja. Cero balas.
Había que meter todas las balas en la metralleta. El Comanche, quedándose sólo con dos defensores atrás,  sacó a Jair y metió a Johan López (11), que fue como cambiar a conejos por cuyes, porque la diferencia no se notó. Los visitantes se envalentonaron al salir expulsado Merlo (¡y yala!). Su DT metió a Yuya y Neuman, quienes  hicieron algunos amagues que no asustaron a nadie. Así las cosas, y con la desesperación de los asistentes, el reloj fue implacable, y Palomino (05)  el inepto del pitito, dando de alargue menos minutos de lo que debía durar un partido con tanta demora de la visita,  sopleteó  y dijo chau para tomar su lonche de invitación en Matute. Buenas noches.

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