domingo, 28 de septiembre de 2014

EMPATE CELESTE EN AYACUCHO, PINCEL CAMBIÓ EL COLOR DEL PARTIDO.

Por Manuel Araníbar Luna
Para jugar en Ayacucho había que entrar a buscar el empate. “¡Pero qué conformista”, me dirán algunos, “el Cristal siempre debe salir a ganar!” Muy fácil es decirlo, pero quisiera verte correr cincuenta metros en Ayacucho y cinco minutos después, asorochado, con la lengua afuera y enchufado al tanque de oxígeno, a ver si me respondes lo mismo.
Y bueno, se daba por descontado que los celestes irían  a cuadrarse cómodamente en su área esperando una pelotita perdida para lanzar un solo contragolpe por periodo. Pero no fue así. El once cervecero entró a presionar adelante, a no dejar armar ni siquiera un castillo de naipes, a picar como zancudo, a cargosear como madrastra. Fue así que a los 11’ el chibolo Alexis vacunó de fogonazo rasante, como se debe disparar en la sierra. Un gol que sorprendía a todos.
Adán mordió la manzana…
Pero estamos hablando de un partido en las alturas de los andes donde el aire –al igual que la plata- no alcanza para todos. Adán Balbín es un jugador que sabe ganar pelotas por alto, porque sabe saltar en doble impulso, tal como lo hacía el Cóndor Mellán. Pero una cosa es un salto en el Gallardo y otra cosa es el salto con garrocha a tres mil metros de altura. Balbín, tan buen saltarín, hizo su doble ritmo pero sólo la peinó con gel. Hermoso autogol que sólo lo aplaudieron los ayacuchanos y el tartamudo Puma.
Ahí nomás a los pocos minutos, a punto de cargosería y en los clásicos enredos que se suelen formar en el área chica los locales le voltean la tortilla al marcador y esto comienza a preocuparnos.
Para el segundo Paul McCartney  los repartidores de gas se adueñan de la pelota, del pasto y hasta de los tanques de oxígeno. Los celestes se ahogan. Entonces el Turco afloja la tuerca y se desenterca. Pone al Pincel y este se decide a pintar el campo de otro color, por supuesto que el celeste. Y aunque aún al Renzo le falta más fulbito aún se acuerda de tocarla al piso, a dibujar triángulos y trazar rectángulos. Ejecuta una acción ya estudiada en la pizarra de acrílico, centro abierto hacia la izquierda para que la pivotee… adivina quién: Balbín que en el primer tiempo no la alcanzó y la metió a su propia canasta. ¿esta vez alcanzará? Adán alcanzó, y mandándose tremendo salto de doble impulso como para ver a Eva en el balcón, la pivotea hacia abajo, el Chapita que se avienta a mojar pero choca con una pierna y la sale enganchando, adivina quién: el tocayo del Pincel, Renzo Revoredo Zuazo, que había ido a ver si pescaba alguito. Pero no pesca ninguna trucha sino la pelota y la mete entre un montón de piernas. Empate y esto se pone bonito.
Chapita pinta de blanco…
Unos minutos más y el Pincel, que ha entrado con ganas de pintar acuarelas, le manda la encomienda vía aerocóndor al Chapita. Este hace la más simple, pinta de Blanco el arco con ayuda del Pincel y sin esperar a ver si llueve.  Moreteados, asfixiados, pálidos y mareados, los celestes se encuentran ya ganando la contienda, pero el soroche no perdona y se comienzan a quedar. Es así que los gasíferos empatan.
Ahora no queda otra  que aguantar. Bajan todos a defender el empate porque los locales los bombardean a puro pelotazo. Ganan algunas, pierden otras, hasta que ya muriendo el partido, recibe Da Silva, engancha, se perfila y dispara. La pelota toca la puerta y regresa. Piña, mil veces piña porque con esa ganábamos. Como diría Leonardo Fabio, otra vez será.
CODA
No está mal el resultado porque los celestes dejaron hasta las tripas. Así que no nos vengan con que se durmieron, que les faltó concentración, que no supieron mantener el marcador y que por lo mismo  Brasil no ganó el Mundial.  Los que critiquen así, que vayan a Ayacucho y que se den una sola vuelta al estadio.

¿Ya se dieron la vuelta? Ahora que critiquen, pues, si ya se les pasó el soroche.

1 comentario:

  1. EL TRIUNFO ERA NUESTRO PERO DASILVA SE LA FALLO AL ULTIMO. ME QUEDO SATISFECHO PORQUE JUGARON CONTRA TODO

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