martes, 5 de junio de 2012

AL CHASQUI ALVAREZ, NO LE PESÓ LA ROJIBLANCA


Por Manuel Araníbar Luna

Y bueno, uno no puede vivir lamentándose de las derrotas en casa.  Ya aparecieron los que por los medios le dan a la matraca con que “El Mago debió hacer esto o aquello”, “yo dije que las cosas iban a salir mal”, y sandeces por el estilo.  Sólo los que buscan el fracaso peruano despotrican contra su propia gente. El propio entrenador del equipo colombiano ha dicho que si metíamos esas dos pelotas en el primer tiempo la iban a pasar bastante mal. Aquí muy pocos – y en mi encuesta figuran futbolistas de renombre –  se van contra Markarián, porque todos sabemos que tuvo que parchar por todo lado.

Total, lo podemos resumir grosso modo así de sencillo: las pelotas de Perú no entraron y la de ellos sí. Recordemos que en la Copa América, la cosa fue al revés: los cafeteros se perdieron  seis o siete llegadas al arco nuestro. Y las pocas llegadas de los peruanos sí se concretaron. ¿Echaron a los jugadores de su equipo representativo? Por supuesto que las fallas del equipo no fueron por mala actuación sino porque todo el mundo tiene su tarde mala y sale a la cancha con los chimpunes cubiertos de sal. 

Miren al equipo uruguayo al que no le salió más que una, y los venezolanos en una de las pocas que llegaron les hincharon los cáñamos. Y yendo más allacito, a España, aunque no jugaba la selección sino los equipos más exitosos del mundo, el Barza y el Madrid, tampoco pudieron incrustar la pelota en la cesta de los muertos. ¿Son malos Ronaldo y Messi? ¿Deben irse de sus equipos por haber perdido un penal y una clasificación?

Ahora bien, ya lo dijimos hace unos días con el ejemplo del vaso de agua medio lleno, somos de quienes opinan que hay que rescatar lo positivo, que de las derrotas se sacan enseñanzas. La defensa en líneas generales,  estuvo en un setenta por ciento, aún con el gol que le encajaron, aún con los parches de último minuto.

Camiseta de plomo
Una cosa es tener clase de seleccionado y otra es la clase para jugar en clubes, sean estos  barriales o internacionales. Tomemos un equipo que es el representativo nacional y comparemos a  dos de sus jugadores. La Culebra y el Chasqui, que ya parece que estamos hablando de una fábula, tal como la cigarra y la hormiga. Mientras la Culebra ya juega en Europa y se codea con gente rankeada, le faltó temperamento para definir (y no sólo me refiero a el gol que se perdió),  para inflar el pecho, poner la pierna fuerte y encarar.  Y con esto no lo estoy descalificando ni pedir que lo boten a patadas sino que estoy hablando de su debut.

Todo esto se debe, seguramente, a su juventud. Démosle tiempo. Ojalá  – y eso esperamos todos – que se acostumbre con el correr de los partidos a soportar, a sostener el peso de una camiseta nacional que pesa como plomo, además de la responsabilidad de asumir un desempeño que millones de espectadores están  vigilando. Y porque sabemos que la tribuna peruana es melindrosa. El hincha peruano, tanto la cazuela como la platea, se aburre rápido cuando ve apatía, cobardía, apocamiento, falta de “web” (esta palabra lo define todo).

En la delantera la diferencia la marcó Guerrero quien,  entero o quebrado,  ganando por goleada o perdiendo por lo mismo, aún a escasos segundos para el silbatazo definitivo, aún parchado con la tarjeta de “cuidadito que te boto”, siempre la lucha igual, y  siempre sale aplaudido, porque pone fuerza y coraje, empuje e hidalguía, sin importarle la mochada que le vaya a dar la dirigencia del Hamburgo, porque cuando juega por su rojiblanca piensa en español  y no en alemán.

 Una cosa es con guitarra…
Y de los de atrás la grata sorpresa fue el Chasqui Álvarez, y no porque no se esperaba que muestre su  calidad sino porque “una cosa es con guitarra…” Me explico. Jugadores hábiles hay a montón,  pero muchos de ellos,  cuando juegan a la de verdad por su selección en un estadio lleno de espectadores se salen chupando, arrugan, se orinan.

El Chasqui debutó hace unos días contra Nigeria y aprobó con 16. Y ayer contra Colombia, con un equipo parchado, fue el mejor jugador peruano. Tuvo el temple suficiente para hacer los cruces, aguantar arremetidas y corregir metidas de de pata, ganar por alto, marcar a presión a jugadores peligrosos, tanto así que el super – archi -  hiper - ultra promocionado Falcao no le hizo ni siquiera un chiche. 

Y cuando las cosas se pusieron color rata, con un gol en contra, supo proyectarse como un delantero más, empujando al equipo con su actitud luchadora. Valga la comparación, fue el Paolo Guerrero de la defensa. Y todo esto en su segundo partido con la sagrada bicolor, a la que algunos la usan sólo para viajar en primera clase, para tomarse fotos con ella en jugosos contratos publicitarios y  - cuando ya no chorrean ni un par de maracas-  guardarla intacta en una vitrina sin haberla sudado, para después proclamar a los cuatro suyos, “me muero por jugar por mi selección, pero me duele un callo”


1 comentario:

  1. bien comentado, amigo.
    mire yo se que esta pagina es de cristal y no tengo nada contra ustedes.
    yo soy arequipeño hincha de Melgar, pero cuando llego a Lima encuentro una serie de salvajes de la U o Alianza para quienes no es un buen jugador quien no juega por esos equipos.
    el chasqui la hizo, como dicen los limeños. y sin buscar la fama ni aparecer en las portadas de los diarios.
    en mi tierra tenemos a hilden salas que es un gran jugador y se raja por el equipo y ni siquiera lo han convocado.
    ¿tendria que venir a Lima y jugar gratis para los dos compadres (alianza y u) y ser explotado por los dirigentes para que lo consideren seleccionable?

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