martes, 27 de octubre de 2015

SHEPUT, EL PINCEL DE LA FANTASÍA


Por  Manuel Araníbar Luna
¿Sabes lo que pienso, Renzo,
cuando mojas el pincel?
Que vas a pintar un lienzo
con goles, luz y oropel.

La vieja esquina del barrio…
A uno no se le quita el barrio aunque se vaya a vivir a Dinamarca. Lo que has vivido en la esquina no te lo quita ni el premio mayor de la lotería. Vivas  donde vivas, el vapor del emoliente, el aroma del pan con camote y relleno y el jugo surtido del mercadito del barrunto se te quedan pegados en las fosas nasales para toda la vida.  El barrio tiene un imán que tarde o temprano te jala al poste donde te apoyabas para charlar con tus amigos, a la vereda donde pateaste tus primeras pelotas de trapo, donde rompiste tus primeros vidrios, a la esquina donde cireabas a las quinceañeras.
Desde chibolo Renzo fue esquinero. Su estilo de juego siempre ha sido de jugador de barrio. Esas pisadas de balón no son de cancha de pasto sino de partidos callejeros con pelota de trapo al filo de veredas rotas y arcos reemplazados por piedras, toreando a las combis que hacen saltar las mochilas y cubriendo la pelota de vecinos molestos por los vidrios rotos. Es por ello que Renzo tiene amor por las esquinas, especialmente por su engreída que es esa esquinita del arco Sur. Allí ha colgado a muchos arqueros. Y su última víctima había sido precisamente el Loco a quien lo ha fusilado ahí un par de veces.
Un coitus interruptus…   
Extrañando su esquina preferida, desde el vértice de la tribuna Julio César Uribe colindante con la tribuna vacía, el Renzo, había ejecutado minutos antes un córner de dedo meñique teledirigiendo la pelota con curva platanera a su esquina preferida. Contra las leyes de la física, la lógica y las predicciones de los locutorpes, la pelota torció su rumbo porque le aburre volar en forma recta, y se mandó como misil Exocet hacia la esquina de Renzo. Fue una desgracia que  Gallese malograra el cuadro porque la sacó con las uñas cuando se metía por el rinconcito de las polillas, cuando las tribunas extremeras ya gritaban gol. Una verdadera lástima, un atentado contra el arte y el buen gusto, un coitus interruptus.
Pero Renzo no se quedó tranquilo. Rumiendo su venganza contra Gallese por haberle malogrado una obra maestra, esperó el momento oportuno. Y este se dio con el faul a Chapita, a un escupitajo de distancia de la media calabaza sobre el tablón.
“Hablo de un parto en una funeraria”
-Silvio Rodríguez-
Hasta ese momento al Cervecero le iba mal. Perdía por uno a cero. Los celestes no agarraban bola, y si la agarraban se les quitaban de inmediato. Los rivales se la llevaban facilito. Un tiro libre que se prestaba para que lo pateen tanto un diestro como un zurdo. ¿Y quién otro podía ser? Todas las miradas voltearon a ver a Sheput que se acercó a paso de palomilla hacia la media luna que ya tiraba para cuarto menguante.  
Renzo, que en el pie tiene un guante de ante (otro de los nombres de la gamuza), sacó lápiz y papel, calculadora y binoculares. Midió, como suele calcular, mirando de reojo como loro mañoso por encima de la barrera, por el costado, donde se había cuadrado Calca y halló el resquicio por donde podía pasar la chancha voladora. Se rascó el juanete contra la pantorrilla derecha, rasqueteó los chimpunes contra el pasto, agachó la cabeza y siempre de reojo, le dio la estocada de billarista que todo el mundo imaginó que llevaba mapa de vuelo hacia la tribuna vacía pero se desvió en aterrizaje forzoso hacia la esquinita de sus recuerdos. La pelota pasó por encima de los barreristas, dando un giro de helicóptero, un revoloteo cimbreante de pluma de bádminton  con la contundencia de un hondazo serrano. Un dron que cayó como bomba antimotines para abrazarse como pulpo con las redes. 
Ese fue el gancho de izquierda que le bajó la moral a la visita y le subió la autoestima a un equipo celeste que como nunca se había apapayado replegándose en su propia cuadra. Como diría Silvio Rodriguez, fue “un parto en una funeraria”. Fue el desquite de Renzo con el arquero visitante  por haberle negado la exhibición del gol de córner que tanto  ansiaba para su álbum de recuerdos. (No importa, Renzo, con las pinturas que has hecho -y seguirás haciendo- ya te ganaste una butaca  en el club de los billaristas de la cancha).

CODA…

A la izquierda, a la zurda le llaman también siniestra. Por lo menos será siniestra para Gallese o el Loco Erick, que cuando ven a Pincel a tiro de gol se persignan rogando que Renzo se la pase a otro y no se le ocurra patear. Pero ya sabemos cómo son de caprichosos los artistas cuando se les da por pintar cuadros, no le prestan el pincel a nadie.

1 comentario:

  1. PTM QUE TAL CRONICA. ME GUSTO MUCHO PERO COMO SIGO QUERIENDO A MI TOCAYO EL LOCO ME DIO MUCHA PENA QUE CHEPUT LO TENGA DE HIJO AL LOCO. DIOS QUIIERA QUE NUEVAMENTE JUEGUEN JUNTOS PARA EL MISMO EQUIPO CELESTE DE MIS AMORES.

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