sábado, 25 de marzo de 2023

CELESTES MATARON UN CANARIO DE DOS TIROS

 Por Manuel Araníbar Luna.


No traten de corregirnos, que ya sabemos que el dicho es al revés, matar dos pájaros de un tiro. El caso es que hoy la metieron los dos centrodelanteros celestes, uno treintón y el otro bastante muchachón y con ello mataron al equipo canario. Los cerveceros siguen invictos en la Liga 1. ¿Suerte? No, trabajo. Persistencia. Insistencia. Apostando por jóvenes, variando puestos, probando piezas de recambio.

De plata 925 bamba…

Todo rival que llega de visita al Gallardo cuenta siempre con un aliado: la cancha chica, tan chica que un poquito más y se transforma en futbol 7. Esto lo saben todos los rivales. Su costumbre es amontonar gente en el medio campo, ir retrocediendo y luego contragolpear. Hace algunos años Challe, por el temor a una derrota contra los enemigos celestes, hizo lo mismo en la cancha de Gremco, achicándola cinco metros por lado.

Hoy los canarios entraron con el mismo libreto pero sin dejar armar juego a la línea volante cervecera. Y vaya que les estaba dando resultado la fórmula de llevarse un punto al Callao. Los celestes llegaban, pero siempre estorbados, o bien dándole con la canilla y rebotando entre tantos bultos amarillos como pabellón de enfermos de malaria.

Parece sencillo, pero a los chalacos les estaba saliendo bien, al punto que al terminar el primer tiempo la hinchada y hasta los suplentes perdían la paciencia por los goles fallados, por tantas jugadas desperdiciadas, por ver los peligrosos contragolpes del rival. En la tribuna, en castigo por la tarjeta roja del partido pasado, Nunes se jalaba los cabellos color plata 925 bamba, (porque aquí hay mejor plata que en la tierra de Pelé).

Con fulminante de rata blanca…

Los celestes estaban bloqueados y, como novios con la suegra al medio, no podían culminar. Se probaba de todas formas. A Joao lo marcaban entre dos. Piña, el arco canario seguía intacto como solterona fea. Pero tanto juega la gorda al filo del trampolín que al final termina en un chapuzón. Nadie, al menos en el Perú, puede tener físico como para aguantar tanto trajín defendiéndose. Los celestes tenían que probar desde lejos. Ya se había intentado, pero con el cañón torcido. Hasta que por fin, tras pase de Hohberg a Jostin Bieber, este se la pone en bandeja a Távara. El churre que siempre se pone chimpunes con fulminante de rata blanca mete un patadón con curva que el arquero yorugua Limosín rechaza con las uñas. Al acecho, Brenner, un cazador que recién está afinando la puntería, sólo le queda empujarla. 1 a 0, pero la hinchada no está contenta. La hinchada, acostumbrada a triunfos contundentes a lo largo de 67 años es cargosa, exigente, inconforme, siempre pide más. Y si la hinchada pide, pues hay que darle lo que pide, goles.

Los delfines le habían dado dura pelea a los celestes durante 65 minutos (45 + 20= 65), pero se les acaba el aire cuando expulsan a Leyes por darle una sucia patada a Lorita en la patica. Hay preocupación porque la embestida de Leyes fue desleal. Y no es el único caso, al Speedy Joao lo tuvieron fauleao durante todo el partido. Brunito al fin se saca la legaña de los ojos y expulsa a Leyes. Bien expulsado (maldita sea su estampa). Jamás se entra a la cancha a malograr a un contrincante profesional como uno (otra vez maldita sea su estampa. Añádanle las maldiciones tantas veces como crean necesarias).

Otoya quema la olla…

El sueño de todo jugador adolescente ascendido al primer equipo es anotar y dar el triunfo a su equipo. Hoy entró Otoya y el sueño se le cumplió. Sólo habían pasado 12 minutos desde que pisó el gramado reemplazando al carioca Brenner. Había que buscarla, porque a Tiago no le gustan los cafichos. Un DT siempre pide que se ganen los frejoles, que la suden, que la busquen como sea. Y si no la encuentran, que ayuden a defender el 1 a 0. Pero Diego como delantero neto que es, quiere meterla.  Y vaya que lo logra. ¡Y de qué forma! La trama empieza desde la derecha. Un pase adelantado de Lorita para el Lobo Peludo. Este se mete en diagonal por detrás de su marcador y en primera manda la chancha al wok caliente, donde los chiferos preparan chaufa y tallarín saltao. Otoya se va metiendo por el medio y midiendo su posición para no quedar en offside. La encuentra Otoya, la patea Otoya y la abolla. El patadón hace temblar el travesaño, da bote dentro del arco y regresa mansamente a las manos de Lemosín quien, como todo arquero mañoso, se hace el gil y la saca como a botar la basura cuando escucha la campanita del camión, pero el línea -mosca él, imparcial él, rápido él- corre a la raya central. Gol legítimo. Gol de un adolescente. Gol celeste.

La sele y la cele...

Los compañeros apachurran al púber. Es una fija que hoy lo rapan en el camarín. (suban fotos de la trasquilada para publicarla, muchachos). ¿Y de ahi?, nada muchachos, ya no pasa nada. Vayan a la bodeguita de la esquina y celebren en vasito de plástico, ya que la sele (con “S”) no pudo, pero la cele (con “C” de Cristal) sí pudo. Brunito dice chau. Buenas noches.

 

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