lunes, 19 de diciembre de 2016

LA ESTRELLA 18: CON SANGRE, SUDOR Y LÁGRIMAS.

Por Manuel Araníbar Luna
Unos nacen con su estrella y otros nacen estrellados, dice el refrán.  Ayer, unos envidiosos se estrellaron al otro lado del Zanjón y otros se resbalaron con una hoja de plátano en Ate mientras los celestes se llevaron  a la Florida una estrella  más en la mochila: la estrella 18. Y vaya que costó obtenerla.
¿Partido chato, soso y entrampado? Por su poste, y no daba para más; además el Cabezón no fue lo agresivo que se esperaba, basándose su estrategia sólo en lo que lograran Cuesta y Fernández, y una que otra incursión de Hinostroza. Ahora bien, con ese Bambetta en cancha cualquier cosa podía suceder (como sucedió cundo expulsó al Chanchito). ¿Qué quedaba? Aguantar en inferioridad numérica, como los espartanos.
Diez contra doce…
¿Se renunció al estilo de las tres G? Sí, ¿y qué? Una triple je: je je je. Nada que actuación gloriosa, porque no la fue, se ganó la estrella con sangre, sudor y lágrimas en una jornada de full chamba obtenida por once  obreros que entraron a especular con el libreto de actuar según moviera los trebejos el Cabezón. Y todos, dejando en el camarín la pericia para un juego atildado, se pusieron el mameluco para ayudarse unos a otros como pasando baldes para apagar las llamas de un incendio, cuyo amago se suscitó tras la expulsión de Renzo. Pero aclaremos, no llegó a ser incendio, fue sólo un conato, una bravata del Cabezón. Y allí estuvieron todos los celestes, porque todos ayudaron, incluidas las  barras celestes. Llegó un momento (¿un momento? ¡Casi todo el segundo tiempo!) en que diez espartanos celestes peleaban contra doce contrincantes: 11 de rojo + el señor Bambetta (ya la gente le ha cambiado el apellido), con cuya actuación ha dejado en claro que su bivirí era rojinegro.
Pero los celestes en sesenta y un años han pasado de todo, recibiendo innobles ataques desde todos los ángulos, así que lo de ayer fue una raya más al tigre. ¿Entonces por qué se ganó la estrella? Justamente por tener el pellejo curtido ante tanto veneno  y tanto soslayo de la prensa rata, ante tandas componendas bajo la carpa. Se ganó -no el partido sino la estrella- por tener cancha, y eso que en esta final de candela jugaban tres jóvenes: Abram, Chavetita y Aquino, pero acompañados por gente canchera como Loba, Piki, Ballón, Calca, el mismo Rambo; gente con mucho kilometraje, con varias finales en su historial.

El muro de Donald Trump…
¿Faltó algo? Sí, el golcito, como para celebrar antes de los 90’. Sí, hubiera sido lindo que se campeonara con un golcito, como la media chalaca de Rambo, o el patadón de Pedrito Aquino al vértice, pero tras la expulsión del Chancho Revorator no había otra, los celestes, durante todo el segundo tiempo tuvieron que poner el muro de Donald Trump en el arco, estacionar el tren eléctrico en el área chica y el metropolitano cinco metros más adelantito. Pero es que cuando se pelea campeonatos uno no puede arriesgar, como el Cabezón que tampoco puso todo el carbón en la parrilla. La película hubiera sido distinta si los mistianos hubieran adelantado el marcador. Ahí sí que  se hubiera visto la grandeza del Cervecero  para defender y atacar, asimilar tabazos y retrucar con mitrazos, en un dame que te doy digno de una final, tal como la que vimos el 2014 contra el Aurich. Pero hubo señorío, fortaleza anímica, compañerismo, entereza con la adrenalina al tope, serenidad para afrontar los pocos embates sureños.
Y así fue todo hasta el pitazo de Bambetta. Llegó la algarabía a las tribunas, gritos, saltos himnos, lágrimas de jóvenes y viejos hinchas dejando el rencor de lado y las recriminaciones en la guantera. Buenas y merecidas noches cerveceras.
CODA
Bueno, pasó el susto. Ahora hay que modificar el escudo, que en este siglo ha sido el equipo más titulero (¿se le llamará así?), por acumular más títulos que ningún otro cuadro peruano. No hay que esperar mucho para que los envidiosos de siempre intenten quitarle lustre a la copa, alegando que las uvas están verdes. Lloren nomás, tristísimas comadres, que durante esta semana cambiaron su camiseta por la de Melgar.
Algunos pedían que se siga atacando, sabiendo que estábamos con diez. Créanme que si el Sporting hubiera adelantado sus líneas para atacar al estilo Guerra Relámpago, el cuadro del sur les hubiera encajado cuatro goles facilito, como el ridículo que les hizo pasar La Bocana; acuérdense del gol de Cuesta en Arequipa a quien no pudieron alcanzar dos defensas celestes. Pero como los rimenses retrasaron el tren, ahora los cojumentaristas niegan méritos. De eso viven, pues, de minimizar los logros celestes y magnificar a las comadres.

¿Y el Bambetta? lo perdonamos porque alegría mata rencor… y estrella 18 mata billetera.

4 comentarios:

  1. RENZO DE AMANCAES CELESTE20 de diciembre de 2016, 06:50

    JAJAJA, CAUSA TU SI Q ESCRIBES DE LA PTM. LSO CHARACATOS NO PUDIERON NI CON ARBITRO BAMBA SALUD CRISTAL CARAJO Y COMO DICES AL ULTIMO LAS GAYNAS Y KAGONES SE PUSIERON LA CAMISETA DE LOS CHARACATOS
    COMO NO PUEDEN SE PONEN LA CAMISETA DE OTROS JAJAJA

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    1. se gano el titulo y como celeste que soy lo he celebrado con mis cervesitas pero el comentarista no dice que aparte de las dos ocasiones de gol los celestes ratonearon todo el partido. hay que hablar la verdad ahora que se ha ido soso no queremos un equipo ratoneador.

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    2. O NO SABES LEER O NO QUIERES ENTENDER. RATONEO ES UNA PALABRA QUE USA EL BOCON COPIANDOSE DE LOS ARGENTINOS. ARANIBAR HA DICHO LO MISMO PERO CON OTRAS PALABRAS:
      tras la expulsión del Chancho Revorator no había otra, los celestes, durante todo el segundo tiempo tuvieron que poner el muro de Donald Trump en el arco, estacionar el tren eléctrico en el área chica y el metropolitano cinco metros más adelantito.

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  2. fuerza cristal toda la vida carajo

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