sábado, 6 de octubre de 2012

TOÑO CISNEROS, ¡HEY, COMPADRE CELESTE!


Por Manuel Araníbar Luna

Era la década de los ochenta. Tiempo de elecciones. Tarde fría de un lunes odioso, la clásica garúa limeña perlaba los ropajes de la gente que caminaba  lentamente para no resbalar. Había terminado mi labor en Radio Libertad, ingresé a  tomar una gaseosa y una empanada en una de esas pastelerías con mesas para comensales de la avenida Salaverry. Tomé asiento y empecé a leer la sección deportiva de un periódico sin haber empezado siquiera a llenar el vaso. Tan distraído estaba que no me había percatado de la caída de unos documentos al piso. Una voz ronca, aguardentosa, me hizo dejar la revista sobre la mesa.

-          ¡Hey compadre, se te ha caído una carta de amor!

Era Antonio Cisneros. Yo ya lo conocía por las notas de las páginas culturales. Llevaba un puchito  en una mano y un descolorido portafolio de cuero en la otra.

-          Disculpa que no haya podido recoger tu hoja –añadió con una sonrisa -, pero es que  tengo el vicio en una mano y la esclavitud en la otra.

Celebré la ocurrencia, agradecí inmediatamente,  pero no le pude estrechar la mano por lo anteriormente dicho. Tan sólo atiné –ya de pie- a palmotearlo, luego de recoger el documento. Le ofrecí un vaso de mi gaseosa. Declinó con una venia y con un gesto me pidió que lo espere. Dio la última pitada al puchito, salió y lo arrojó a la vereda. Luego se acercó a la caja y regresó con un café. Tomó asiento sin pedir permiso. Recién pudimos estrecharnos las manos.

Hasta ese momento yo había imaginado que los poetas  se expresaban en un vocabulario escogido lleno de frases coloridas. Esa había sido la primera sorpresa, que un poeta reconocido internacionalmente me dijera “hey, compadre”, como si nos conociéramos desde mucho antes. Y la segunda sorpresa fue que me pidiera disculpas por algo que no tenía la obligación de hacer. Entonces vino la tercera sorpresa:

-          Yo también soy hincha del Sporting Cristal – me dijo, mientras yo aún no salía de tal desbarajuste mental.

El poeta, buen observador, había notado un prendedor con el escudo celeste que yo llevaba en la solapa. Me lo pidió prestado para verlo. Y sin quitar la vista del escudito, mientras lo examinaba frunciendo las cejas como si fuera miope, me preguntó que cómo y cuándo me había hecho hincha del equipo rimense. Le relaté la anécdota mil veces repetida de mi encuentro con Rafael Asca en el Estadio Nacional. Y él, a su turno, levantó la mano con el puchito entre los dedos, como pidiendo chepa, y me relató el origen de su hinchaje remontándose a sus familiares mayores. No la repito porque era, a grandes rasgos, la historia que habría de leer años después en la revista Sentimiento Celeste y que hoy ha sido publicada por Beto Benza en El Portal Celeste.

Confesó  que le disgustaba que nos llamaran choborras (en aquellos tiempos a los celestes los llamaban ‘pomos’ o ‘choborras’  y a las cervezas no se les llamaba aún ‘chelas’ sino ‘serpentinas’ o ‘chevas’).

Ya con la confianza que me había dado su trato casi familiar, le expresé mi sorpresa por su conversación tan cordial, salpicada de palabras y palabrotas en replana, acompañadas de antiguos dicharachos limeños.

-          Es que yo no soy miraflorino. Soy de los Barrios Altos. He sido pelotero callejero y mechador, he bailado trompo con huaraca y he jugado a los ñocos como cualquier muchacho de las calles limeñas.

Luego, del portafolio sacó un periódico, el mismo que yo había estado leyendo en la mesa. Me mostró la última página, la misma página de la sección deportiva que yo había estado leyendo.

-          Qué buen  triunfo el de ayer, ¿no te parece, compadre? – dijo sonriendo - ¿Sabes cuándo celebro más los triunfos del Cristal? Cuando le ganamos a los dos viejos compadres. Es que sus hinchas no aceptan que de la noche a la mañana haya aparecido un equipo grande y que les quite los títulos que siempre se repartían entre dos. Tenemos más de veinte años en primera, hemos campeonado varias veces y todavía no aceptan que existimos. Nos hemos convertido en la pesadilla que los ha hecho despertar de sus sueños de opio.

Al despedirnos, le ofrecí el escudito celeste a manera de obsequio.

-          ¿Tienes otro igual? – me preguntó.

-          No – le dije – es el único que tengo.

-          Te recibiría uno si tuvieras otro igual para ti. Pero no podría dormir esta noche pensando en haber dejado sin su único prendedor celeste a un hincha de Cristal.
Y durante años nos encontramos varias veces, en oficinas, en las calles y en el Nacional, y siempre intercambiando el mismo saludo, pero con un añadido:

-          ¡Hey, compadre celeste!

Así era el poeta celeste. A todo el mundo le pasaba la voz de forma cordial y familiar. Y así seguirá siendo allá arriba, contemplando con  ojillos traviesos el desempeño de los celestes.

Hoy, con la noticia de su fallecimiento, me arrepiento por no haberlo convencido de aceptarme el obsequio del escudito. Estoy seguro que lo estaría mostrando orgulloso en su solapa. Si me parece verlo en la tribuna del Nacional, con su puchito entre los dedos, siempre respondiendo el saludo a todo el que le pasara la voz, como si lo conociera desde hace siglos:

“¡Hey, compadre celeste!”

2 comentarios:

  1. esta frase suya hay que ponerla en un marco:

    "¿Sabes cuándo celebro más los triunfos del Cristal? Cuando le ganamos a los dos viejos compadres. Es que sus hinchas no aceptan que de la noche a la mañana haya aparecido un equipo grande y que les quite los títulos que siempre se repartían entre dos. Tenemos más de veinte años en primera, hemos campeonado varias veces y todavía no aceptan que existimos. Nos hemos convertido en la pesadilla que los ha hecho despertar de sus sueños de opio".

    y la dice un poeta , y uno de los primeros hinchas de SC, para que sufran las comadrejas!!!

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  2. luismaguino@hotmail.com10 de octubre de 2012, 19:17

    Antonio Cisneros comentó que siempre al viajar llegaba a los Estadios del lugar en que se encontraba y le afloraba el sentimiento de hincha con el color celeste del equipo que lo lucía, hablar de su hinchaje trasciende hasta su familia cuando refería a su padre, tío y primo cuando la SC era Sporting Tabaco. No nos olvidemos del Cisneros poeta, aquel a quien por cultura y sentimiento debemos leerlo siquiera alguna vez, esa poesía rítmica, de calor humano, locuaz y trascendente, honesta sin medias tintas, que Dios te tenga en su regazo COMPADRE CELESTE.

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