domingo, 30 de noviembre de 2025

EL CAMPEÓN DEL 91

 Por Aldo Alvarado Hinojosa, El Doctor Celeste


Corrían mediados de diciembre del 91. En la facultad se había podido coordinar un viaje a Iquitos, para que en esa ciudad se pueda hacer un trabajo de investigación acerca del Cólera, que por esos tiempos empezaba a hacer estragos en el Perú, llenando la sala Santa Rosa del Hospital 2 de Mayo, donde teníamos que ayudar a hidratar a pacientes colocando sueros y asistiendo enfermos. Toda esa sala olía a una pestilente “agua de arroz”.


Investigando el Cólera en Iquitos…

Y en ese contexto, por gestión de nuestro profesor y padrino, el Dr. Vicente Carrasco Reyes (+), past Gran Maestre de la Logia Masónica, conseguimos viajar a Iquitos en donde fuimos recibidos por las autoridades del Hospital de la Amazonía, y también por algunas féminas que se enteraron que un grupo de mozalbetes estudiantes de medicina, llegaban a Iquitos a realizar una tarea: El primer trabajo de Investigación acerca del Cólera, dentro de la actividad final del curso de Medicina Tropical, muy bien dirigido por dicho catedrático junto con el Dr. Neyra (+).

Aguantando el sueño…

Dicho trabajo se realizó en la Comunidad de Belén, donde pudimos ver el grado de contaminación en la cual vivía la población, tomando muestras de heces y haciendo encuestas epidemiológicas -algo debimos de haber aprendido del curso de Epidemiología del Dr. Ormaechea, ya que todos tratábamos de aguantar el sueño de esas clases somníferas dictadas en pleno verano en el Aula Sergio Bernales en el Hospital 2 de Mayo, aunque algunos como Chicho Valdivieso sólo dormían la mona gestada en “Don Julio”.

Bajo ese contexto de trabajo y también diversión, entre tabulaciones estadísticas, Chi cuadrado y carreras de Mototaxis, culminábamos el día comiendo unas buenas hamburguesas en la Plaza principal de Iquitos, en el ya famoso Ari’s Burger, donde veías a tus compañeros como La Tota, o Cabeza de Coche (obviamente no diré sus nombres) con un par de charapas a cada lado, y prometiéndoles llevarlas Lima a casarse con ellas.

Y llegó el día…

Cristal jugaba un partido decisivo contra su archienemigo, no diré el nombre, sólo mencionaré que podías perder con Muni, Melgar, el Yuri, pero JAMÁS con las Chicken Nuggets, ¡jamás! El miércoles 18 de diciembre en la noche, nos juntamos con “El Coyote” Gilmer Moreno Davila y “Quenayon” Carlos Enrique Quenaya Riva Y por otro lado también estaba el resto de hinchas de Cristal de la promoción -llámese “el barrio chino”-, Tomas Nakasato, Lucho Nakandakari “El Jefe” (+), Hubert Mendoza, etc.

Comiéndome las uñas…

El Dr Celeste en La Florida con Roberto Mosquera

Lo cierto es que el partido fue disputado de principio a fin, una digna final en la cual con gol de Pablo Zegarra abrimos el marcador, y con el uno a cero adelantado, luego Fernando Chapell cobra un penal ejecutado por Roberto Martínez, empatando el partido. Y llegó la dura y decisiva tanda de los penales donde mis uñas simplemente “pagaron pato” ante tanto nerviosismo ya que se prolongó el lanzamiento de los penales hasta el número 7, en el cual Chany Cáceda -padre del arquero suplente de la actual selección de Perú - falla el tiro penal decisivo el cual es tapado por el Carón Miguel Miranda.

Entonces empieza el júbilo, empieza la correteadera al son de “¡Campeón, campeón, Cristal campeón campeón, campeón!", “nunca nos ganarán, nunca nos ganarán siempre serán gallinas la P.M. que los parió…”, y corriendo por el parque 28 de Julio junto al Coyote y Quenaya trepados en el poste gritando “¡Cristal campeón, Cristal campeón!”, rápidamente una mancha de muchachos charapitas hinchas celestes se aparecieron a nuestro lado y comenzaron a festejar con nosotros.

Desquite por el incendio del bus….

Era el 91, teníamos que haber ganado ese campeonato ante ese clásico rival. Ese año algunos malos hinchas de la vocal habían quemado el bus del Cristal con los jugadores dentro, el día en que Cristal le gana a la U en el Lolo Fernández volteándole el partido. Qué insano juicio de esas personas para quemar el ómnibus del Cristal y con personas adentro luego de una derrota.

Se vinieron todos esos recuerdos y sólo festejamos saltando y saltando. Fue una noche mágica y les aseguro que el volumen náutico del Río Nanay se vio incrementado por exceso de agua de riñones, por las miles de cervezas que tomamos los tres junto al Barrio Chino.

Fue el 91, fue el campeonato celeste de 1991.

¡Salud Cristal !

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viernes, 21 de noviembre de 2025

¡FELIZ CUMPLEAÑOS CHITO DE LA TORRE!

 

Por Manuel Araníbar Luna

Con su celeste querida

También con la bicolor,

Chito, el León gladiador,

dio frases que nadie olvida.

“En cancha darás la vida”

“Nunca te acobardarás”

“Guerrero celeste, vas

A luchar siempre adelante”

“Si nos atacan, aguante”,

“y una rendición jamás”


“¡Se las va a ver conmigo!”

Cierta tarde una adolescente se acercó temblorosa a su padre, un futbolista retirado que sentado frente al televisor leía el periódico cruzado de piernas. La jovencita se llenó de valor y decidió pedirle permiso para recibir a su enamorado en la puerta de la casa. El padre soltó el periódico, frunció las cejas y la miró fijamente. 

—Que se porte bonito nomás, porque de lo contrario se las va a ver conmigo.

Aquella respuesta fue una frase muy parecida a la que había repetido muchas veces a sus compañeros antes de un partido. Aquel futbolista retirado se llamaba Orlando De la Torre Castro, famoso en el futbol peruano como El Chito.

....

  El Chito ha quedado grabado como símbolo de la guapeza, la raza y la rebeldía, tanto en su querido Sporting Cristal como en la selección peruana. Pese a que ya había demostrado su intrepidez batalladora a nivel local e internacional en el Sporting Cristal durante toda la época de los 60, de las virtudes del Chito se empezó a escribir y hablar por radio y TV por ser reconocido como el verdadero patrón del equipo peruano en la clasificación a México 70 y al año siguiente en la famosa bronca de la Bombonera.

Inigualable…

Todo espectador es testigo de jugadas fuertes que desembocan en espectaculares peleas.  Como hinchas cerveceros desde el año 1956, en el Nacional hemos visto pleitos entre jugadores de todos los equipos, grandes y chicos; macheteros, mechadores con camisetas de todos los colores; extraordinarios jugadores que defendieron la camiseta a sangre y sudor, sin miedo al golpe y al escupitajo ni a la labia ni las mentadas de madre, pero ninguno como Orlando De la Torre Castro, el inigualable Chito.

Orlando Furioso…

  En 1961, aún con las inevitables huellas de acné y la insipiente pelusa de la adolescencia en el rostro, de cuerpo ralo y larguirucho, debutó el Chito como volante con sólo 16 años. Ese mismo año el cuadro rimense ganó su segunda copa, la primera para Chito.  En la línea media peleaba todas las pelotas y apoyaba a la línea defensiva. También se descolgaba para los centros al área rival. Poco tiempo después empezó a jugar de back centro, un puesto que no abandonaría jamás.

  Se tornaba furioso cuando el equipo iba perdiendo o cuando no podía ganar, y se notaba en sus gestos. Desde que empezaba el partido, lo primero que hacía era remangarse la camiseta, fruncir las cejas, mirar a su línea de compañeros hacia ambos lados. En ese momento dejaba de ser un jugador obediente de plantilla para transformarse en líder, tuviera o no el cargo de capitán (luego se ganó la capitanía por varios años).

  Para Chito el partido era una batalla que no empezaba en la cancha. Para él la lucha arrancaba desde el camarín. Hasta el momento de llegar, cambiarse y estirar las piernas menudeaban los chistes y bromas. Una vez que todos estaban listos, Chito les daba su advertencia.

  —Se acabaron las bromas. Aquí nadie se acobarda. Y el primero que se amedrente se las tendrá que ver conmigo.

El onceavo mandamiento…

  Como zaguero destacaba su buen juego por alto, su salida rápida con la pelota jugada, por anticiparse al rival. Por ello, Pocho Rospigliosi lo mencionaba como Míster Anticipación. Para jugar con este accionar durante todo el partido se precisa de colocación, lectura rápida de los movimientos del pase rival a su delantero y sobre todo mucha movilidad, lo cual exige mayor despliegue físico. Por ello Chito De la Torre al final de cada partido perdía de tres a cuatro kilos de peso. Chito entraba a la cancha para luchar durante todo el partido, porque para él la palabra partido significaba guerra y la palabra derrota no existía. En su mente tenía grabado un onceavo mandamiento: 

       "No perderás ningún partido".

Lo dice El Veco…

  Para muestra un botón. Comentando un partido que Cristal enfrentó a Peñarol en 1968 por la Libertadores, don Emilio Laferranderie, El Veco, declaró: “la guapeza de Chito de la Torre es similar a la que protagonizó Obdulio Varela, capitán de la selección uruguaya en Maracaná en la picante y sorprendente final de 1950”.

“El hijo que defiende a sus hermanos…”

   Su inquebrantable guapeza se dio a notar a mediados de los setentas, en un partido contra el equipo de Matute. Los defensores del once rival eran todos macheteros (valga reconocer que los zagueros celestes no eran tampoco mansos corderillos). Desde el saque comenzaron a dar arteros fouls a todos los delanteros celestes, en especial a Pepe del Castillo, que era el más bajito y ralo de los celestes. Luego de un foul alevoso contra Pepe por parte de un defensor, Chito se acercó corriendo desde su campo hacia la defensa matutera y encaró al agresor. Saltó Barreto y también lo enfrentó sin bajar la vista. Se había formado ya un zafarrancho de jalones y empujones, pero era Chito quien estaba al frente de los celestes. En eso se acercó Perico que tenía cara de matón y lo jaló con el fin de atarantarlo, una especie de “ahora tú te la ves conmigo”. Chito le acercó la mirada de toro enfurecido sin dar un paso atrás y, por el contrario, fue Perico quien retrocedió mientras los celestes se seguían entreverando a empujones con los rivales.  Desde ese momento Chito se convirtió en líder de los celestes. No había situación de pleito en toda contienda en la que Chito no guapeara a los rivales.

  Doña Esther Grande de Bentín quería y engreía a los jugadores celestes como si fueran sus propios hijos. Chito, aún jovencito, era ya considerado por doña Esthercita como “el hijo que defiende a sus hermanos”.

Poniendo el pecho…


  Chito de la Torre, un león,

Alma, corazón y vida

Por su celeste querida,

Míster anticipación.

Por cuatro veces campeón

con la escuadra cervecera.

Chito y su raza guerrera,

siempre luchó con denuedo.

ni al diablo le tuvo miedo.

Patrón en la Bombonera.

  En aquella época los capitanes no llevaban el cintillo al brazo como es usual en estos tiempos, los entrenadores elegían al más correcto, al más caballeroso, al más respetuoso. El capitán podía ser Tito Elías, Nico Nieri o Chemo Ruiz que ya estaba a poco tiempo de su retirada, pero con lo que hizo Chito aquella tarde quedó grabado para la hinchada celeste como el líder, el guía, el que ponía el pecho en los momentos difíciles, el que arengaba a sus compañeros, el primero que respondía a cada agresión con un cabezazo o una chalaca, tal como sucediera años después en el encuentro clasificatorio para México 70 y luego en la famosa bronca de la Bombonera.

Por algo el cielo es celeste…

  Chito, allá arriba en la eternidad sigue observando el accionar de su amado equipo celeste, celebrando los goles peruanos, apretando su camiseta bicolor como lo hizo en la Bombonera. Y cuando las cosas van mal, lleno de coraje, ya lo estamos viendo aterrizar del cielo a la cancha, fruncir las cejas, ponerse la camiseta, remangársela para guapear a sus compañeros como el furioso líder que siempre fue. Ya lo estamos escuchando:

¡Y aquel que no defienda la celeste se las va a ver conmigo!

 Es que por algo el cielo es celeste, ¿no, Chito?

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lunes, 10 de noviembre de 2025

LO BUENO, LO MALO Y LO FEO DEL CRISTAL 2x1 CIENCIANO

Por Manuel Araníbar Luna


LO BUENO 1. El gol del empate del Hombre Lobo. Mostró brío y terquedad para meterla luego del rechazo del arquero, y con ello inyectó al equipo una ampolla de Desawebina Forte para seguir batallando y voltear la tortilla. En el partido anterior le anularon un golazo legítimo y este fue su desquite.

LO BUENO 2. El trencito Wisdom. Aunque piensen que una sardina no se come un tiburón, el Coloradito se comió la cancha y de pasadita a todos los volantes y delanteros cusqueños. ¡Pero qué fuelle! Algunos decían que aún hay que llevarlo de la mano, como si recién le estuviera brotando la pelusita de melocotón de los trece años (¡!). Vamos, dejen de pinchar higos (y egos), el coloradito hace varios años que no paga pasaje escolar.

LO BUENO 3. El golazo de Távara.Y con ello acalló las put34das por pincharla y darle al palo en el partido anterior en un penal. Pero ese gol en agonía amansó a la hinchada por lo mal que estaba jugando el equipo; porque el partido iba a terminar empatado. En el mismo encuentro casi mete un gol olímpico. Hace unos días casi mete un gol de media cancha. Bueno, parece que ya está dejando de jugar por el “Sporting Casi”. Hay que felcitarlo porque está afinando la puntería, porque el nacimiento de su bebé lo está motivando. Hay que seguir practicando y sacarle lustre al chimpún.

LO MALO. La expulsión de Catriel. Algunos árbitros ni siquiera muestran la amarilla por esta falta, pero Catriel olvidó que estamos en la Liga peruana donde árbitros como Ordeñas, perdón Ordóñez, son parcializados al mango.

LO PÉSIMO. El doble rasero para cobrar las faltas. Y no es por no compensar. Al margen de que Ordeñas, perdón Ordóñez, cobró el tiro libre, debió expulsar al jugador del cuadro cusqueño por el foul a Vizeu que iba directo al arco, al jalonearlo como mujer que impide que el marido la abandone. Y eso es roja aquí y en Sebastopol, salvo que Ordóñez sea daltónico (99.99% posible, el otro 1% es por ser hincha de Matute).

LA DEL ESTRIBO 1. Vizeu ha llevado a casa la camiseta rota. Y no para recuerdo sino para probarle a su costilla que los arañones en su espalda fueron en el partido y no se los hizo una tramposinha.

LA DEL ESTRIBO 2. Algunos dicen que a Ian deberían (¿se atreverían?) darle la camiseta 23 de Piki, la cual para muchos debería tenerla un jugador que se acerque al rendimiento y valor de Cazulo, pero piña al cubo. La intocable 23 ya la chapó el Honguito Maxloren, y no hay trazas de que pueda haber intercambio ni de figuritas

 


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martes, 30 de septiembre de 2025

GOLEAMOS CON UNO DEL TRENCITO Y DOS DE VIZEU

 Por Manuel Araníbar Luna


Lunes de primavera, soleado, suavecito.  A nadie le vacila el horario. Pero al igual que la chamba, nos guste o no, hay que asistir. Poca gente. En parte por ser lunes y en parte porque hay desconfianza. Al cuadro no le había ido muy bien en los últimos compromisos. Aun así, los hinchas fieles a su camiseta se metieron a la Fortaleza Celeste a ver a su cuadro.


El Pitbull y el Trencito, dos pitbulls.

Arrancan como siempre, atorando a los zorros sin dejarlos eructar el tallarín verde (solo nomás porque no hay plata para el bisteck ni para postre). Speedy Gonzales rompía el esqueleto a los zorros que no podían escapar porque entre el Pitbull Pretell y el Trencito Colorao no los dejaban armar ni una carpa. Al centro el Chaval repartía los naipes más a la derecha que a la zurda. Los ayacuchanos tan sólo se escaparon un par de veces, pero Enriquez ni se ensució los guantes porque Micky y Abram no le abrían la puerta ni al fiscal con orden de allanamiento. Nico y el Hombre Lobo jugaban tranquilos y se proyectaban. ¿Así con esa tranquilidad cómo no iban a meterse a campo ajeno?

Gol con saltitos de conejo…

La estrategia de pizarra da sus frutos a los 5 minutos. Vizeu lleva pelota desde el medio campo y se la juega a Maxloren, el zurdito del cerquillo de hongo. Este la manda a la olla pero la hornilla está sin gas y nadie la toca, sigue la flecha para la derecha como es costumbre en las polladas. El Lobizón la vuelve a meter al centro y la bola pasa como dron por encima de toda la defensa. ¿Y quién se aparece? Wisdom, el más bajito de todos. El Trencito Colorao conecta con la cabellera rubia un centro del Hombre Lobo y la chancha entra a saltitos de conejito e infla la canasta del mercado de Caquetá. 1 a huevo.

Dois gols a zero ovos…

Los cerveceros seguían llegando más por la derecha que por la zurda. Minutos después sigue el menú. Luego de la entrada del tallarín sin aderezo viene el segundo, esta vez una feijoada carioca por parte de Vizeu, cuyo nombre completo es Felipe dos Reis Pereira Vizeu do Carmo (no ponemos más apellidos porque se acaba la página), quien aprovecha un centro chueco de Santi al punto G, se le adelanta a un inocente zorrito y la toca con el dedo chiquito del pie. Suficiente para que entre suavecito. Hay que decirlo en portugués, Marcador da partida: dois gols a zero ovos.

Gol de tres toques…

Los celestes se adueñan de la cancha. Llegan por todos lados. El tercero lo inicia Micky Araujo. Casi desde su área lanza un patadón que todo el mundo se pregunta adónde quiso mandarla, ¿a la tribuna Popular Chorri Palacios? Bah, demasiado fuerte, nadie la va alcanzar. ¿Nadie? Se olvidan de Speedy, el wing chiquito pero venenoso que la alcanza y sobre el pucho lanza su conocido dron de curva de arco iris al volcán. Por el medio entra Vizeu que la toca suavecito al estilo Romario y la chancha infla las drizas. Un golazo de tres toques en tres segundos. La tribuna estalla. Dos humaredas celestes inundan la tribuna. Vizeu no lo puede creer. La chapa, la acaricia, la besa y manda saludos a su pueblo Tres Ríos en Rio de Janeiro:

—¡Muaaaa! ¡Beijinhos para toda a minha querida família da minha cidade Tres Ríos que está me assistindo via satélite. Sinto falta de todos vocês! Mais qué está acontecendo!?

¿Sí, qué está pasando? Que se lo anula el juez Rob Insegura. Vizeu se desinfla y tira la toalla. Insegura llama y consulta con el zapatófono. El chat demora cinco minutos porque los del VAR duermen la siesta. Por fin valida el gol y la tribuna vuelve a latir, a removerse, a temblar. 3 a huevo. Y antes de ir al camarín un mitrazo suave del chaval choca en el tronco. Piña, porque si entraba invitaba paella para todos.

Segundo tiempo de siesta…

Para el segundo tiempo entran Nando, Canchita, Axel, Távara e Irven. Los celestes que habían arrancado en Fórmula 2 bajan la palanca de cambios y ya no corren, trotan en scooter (se le llamaba patinete el siglo pasado), La bola va de acá para allá y de allá para acá. La mar estaba serena, serena estaba la mar. Algunas escapadas de potrillo loco de Nando y más ná. El tablero ya no se mueve y el partido se torna más aburrido que bailar con la suegra. El juez Segura, inseguro como las calles de Lima sopla y dice chau y se va escondido para que no lo insulten. Bah, ya no importa. Los tres puntos se quedan en casa y los tres goles en la cueva de los zorros. Buenas noches.

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jueves, 24 de octubre de 2024

¡NUNCA DES POR MUERTO A UN CERVECERO!

 Por Manuel Araníbar Luna



Día difícil para conseguir movilidad. Huelga, pocos buses, varias marchas con banderolas y llantas quemadas, pero hay una inmensa marcha que no es de huelgustas.  No hay policía que la detenga. Esta inmensa cantidad de gente con banderolas celestes no se dirige a ninguna protesta. Esta marcha se mete al Estadio Nacional.



Tendidos en el cordel…

Es que cuando hay optimismo, cuando se tiene fe no hay huelga que detenga al hincha. Para el cervecero celeste no hay cucos que lo asusten en la cancha. Y justo es lo que intentaron los visitantes, meter miedo. ¡Mira cómo tiemblo!, que vayan a meter miedo a sus hijos para que tomen la sopa. Los diarios mermeleros pronosticaban que se iba a repetir el triunfo del equipo de Ate que venía embalado, aceitado, lubricado, alabado, santificado. Pero para su desgracia el once de la camiseta color manteca también jugó trabado, encerrado, encadenado. Su medio campo en lata de sardinas. A su línea creadora, entre Cazonatti y Pretell los apretaron, los exprimieron, los secaron y los tendieron en el cordel. Creían que por la derecha apretando a Santi Gonzales lo iban a sacar del partido. Craso error. Su entrenador se equivocó de dar explicaciones. Bustos ordenó que aprieten a Gonzales. Pero es que había otro Gonzales, Canchita, que empezó armando juego por el medio y flotando por todo el medio campo.  Bustos grita en medio de la histeria: “ajusten a Canchita también”.

Un escudero no teje ropones…

Pero no supo, olvidó, no recordó o no evaluó (en todo caso, ya ni importa) que Cristal no solamente es Caute y Santi a quien lo marcaban de a tres y que a pesar de la presión los bailaba. Cristal era un batallón de once guerreros, mientras que la visita se ahogaba reclamando por todo, desde que hace mucho frío hasta que el pasaje ha subido.

Sus defensas, Cabeza de Bruja y Maledetto se le pegaban a Caute. No hay palta, libertad completa para el Irven de Acero que se juntaba con Canchita para elaborar, ya que, como sabemos, Pretell es un escudero acorazado aunque no se caracteriza por tejer ropones ni hilvanar ataques. El equipo armó pocas, aunque suficientes como para causar pánico a la visita, porque los laterales que son quienes facilitan las salidas no se proyectaban. Así los arriba se mueren de hambre.

Acúsenlo con su mamá…

Aclaremos, el medio campo era propiedad celeste más por destrucción que por elaboración. Aún así, se llegaba al área contraria. A la mitad del primer tiempo Santi rompe a su pobre, triste y destroncado marcador y habilita a Pretell que -aunque es más un parachoques que timonel-. Se la pasa masticada a Irven. El capitán se la juega a Caute que, estorbado por dos troncos color manteca, los quiebra con la zurda y remata de media vuelta pero Britos mete las uñas y la desvía al palo. Entonces surge una figura, Cazo el guerrerazo, el sucesor de Piki, el que corrió la cancha de sur a norte y de norte a sur.

Más tardecito córner desde la derecha. El encargado es Speedy Gonzales. Los percudidos vigilan a los más altos, a Romero, a Pósito, a Pasquini, al Hombre Lobo. Se olvidan de Irven o por lo menos no le paran bola. Además se olvidan de Cazonatti que le gana el salto al Cabeza de bruja y la mete de mitrazo. 1 a 0. Lo que se esperaba: reclamo histérico desde el entrenador hasta el aguatero del equipo mantecoide, una cantaleta de todo el partido, que así no se vale, que Cazo despeinó a Riveros, que acúsenlo con su mamá, etc.

El desquite de Mpaché…

Para el segundo tiempo entra Nando. Resistido por algunos sectores de la hinchada, menospreciado por los rivales, insultado desde las redes sociales, a Nando le bastó tocarla dos veces para cobrarse la revancha. Y vaya qué tal revancha. La toca Canchita  desde el medio para Nando. Pase del desprecio a Santi (una lección de Loba, mirando pa’ allá y pasándola pa’ acá), este le devuelve la china que le prestó para su pasaje. Nando no pierde tiempo en guardar la china porque está gatillando en el tiro al blanco y mete el fierrazo que se le chorrea a Britos como pescado enjabonado. El grito es de furia, de revancha, de desquite. A ver si ahora lo felicitan los que le tiraron barro. No se oye. padre.

Con la regla de tres…

Luego, la visita empata por un blooper. Más tarde meten gol con la mano. Perez lo anula. Reclamos histéricos de su entrenador y jugadores. Casi siempre les dan la razón, pero hoy han amanecido con la regla (de tres). Bofetada para el equipo inflado por la prensa. Total, Britos se encabrita, Riveros queda con laciado japonés, Corzo se vuelve farsa, Murrugarra se pinta las garras, Concha se estrecha con alumbre, Polo se pela, Valera se desespera y Flores se marchita. Fruna Pérez habiendo hecho todo lo posible para que su equipo empate se entristece y sopla la vuvuzela.  Buenas noches.

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sábado, 12 de octubre de 2024

¡VAYA, HASTA QUE POR FÍN GANARON!

 Por Manuel Araníbar Luna.


Ya lo habíamos dicho, el mal del fútbol peruano es que sus jugadores  corren a 40km por hora como por temor a las multas de tránsito mientras en el extranjero lo hacen como Fórmula 1. Como no tenemos jugadores veloces, en este compromiso a los uruguayos que juegan a 120kmph había que frenarlos, pero por etapas.



Con tan poquita fe…

La fecha en que se jugaba no auguraba nada bueno. Huelga de transportistas, manifestaciones callejeras, extorsiones, choques y bombas lacrimógenas anunciaban que las graderías iban a estar peladas por todo lado.

La selección blanquirroja había venido enfermando de a pocos. De debilidad, anemia, lentitud. Hasta hace unos años por lo menos se lograba ganar a Paraguay, Venezuela y Bolivia. Hoy estos mismos equipos han puesto motor nuevo y se acercan a los 90kmph. Nadie apostaba por la sele ni una china partida por la mitad (nos incluimos en la lista). Corregimos, casi nadie. Unos pocos mantenían sus cien gramitos de fe, como para cantarle el antiguo bolero Poquita fe.

En la primera media hora, esa ñisquita de fe se fue diluyendo como el azúcar en el café al ver que los peruanos quedaban como tortugas mirando cómo los orientales se metían veloces como guepardos, pero se encontraron con un once de peruanos que, aunque un tanto chupados en el ataque y la generación de futbol,  todos ponían el hombro, la pierna, el codo y la rodilla.

Casco, escudo y chaleco antibalas…

La idea era frenarlos de a poco. La primera trinchera era de los volantes que, más que armar, se dedicaron a bloquear, a cavar zanjas, a poner minas matagente. Si pasaban esa primera frontera los esperaban Callens, Zambrano y Abram bien apertrechados. El peligroso Darwin, por ejemplo, sólo pudo meter un débil mitrazo que Gallese embolsó como a una bolsa de granadillas, con mucha panza y poco peso.  La evolución de Darwin se devaluó. Quienes sí crecieron fueron los peloteros cholos. Había que poner fuerte la napier y amortiguar con parachoques las veloces entradas de los celestes. Abram se puso el casco, Zambrano el escudo, Callens el chaleco antibalas. Polo por derecha hacía el apoyo al colorao Sonne, Jesusito Castillo les daba su tatequieto de ida y vuelta. Luego de los 35 minutos maomeno, los cholocolateros (los chocolateros cholos) empezaron a salir, un tanto tímidos como niños en su primer dia de clases.

El Nono y el toro…

Peña y Sonne se atrevieron a pisar terrenos ajenos y empezaron a la llegar al área de Rochet. Es que los peruchos no tenían otra. El Nono en el camarín les dijo que si un torero entra al ruedo tiene dos alternativas, enfrenta al toro, aunque con el pantalón cagado, o se escapa corriendo al inodoro, entonces deja de ser torero para convertirse en gallina. Bien, los peruchos entendieron que jugábamos en casa. Gallese dejó de sacar los pelotazos que siempre las perdían Valera y el Orejas. Empezaron a tocarla, no sueltos, por cierto, pero ya pisaban predios ajenos como invasores de tierras.

La fe renació vuando un misil disparado por Peña desde fuera del área anunció el primer talán. La tremenda molotov lanzada con honda le quemó los guantes a Rochet y dio rebote al que no llegaron ni el Oreja ni Valera. Entonces el partido cambió. Es que mientras en el camarín uruguayo querían ponerle camisa de fuerza al loco Bielsa, entre los peruanos se jugaba como una familia, tal como lo dice el refrán: La familia te lleva a la peña, pero no te despeña.

Siga intentando...

Ya que mencionamos Peña, en el segundo tiempo ya los volantes peruchos son los verdaderos espesos. No dejan jugar a los yoruguas haciéndolos perder bolas en salida. Un rechazo del central cae a los pies del Orejita, este se mete por la zurda, la bombea, pero la granada sale por el otro lado Ese es el segundo talán.

El tercer talán es de Peña que esquiva la leña (muy característica limeña) y se la adueña, la diseña, la domeña, pone el cañón sobre la cureña y dispara y la bala rompe la malla pero por el lado de afuera. Como dice el comercial de la gaseosa, siga intentando.

Los cholos siguen atacando, mordiendo, estorbando, poniendo la pata de palo y la guadaña, respondiendo cada chiquita con otra más grandecita. ¡Óigame, tío, pareciera que los uruguayos están jugando para los peruanos! Recién promediando despierta un delantero apellidado Olivera que debe haber estado durmiendo porque no se le vio en todo el partido. Olivera, nada familiar con el gringo Oliver Sonne, dispara un tirito que más fuerte le da una monjita, y con esto, los ataques yoruguas dicen chau.

Como trucha enjabonada…

Las agujas del reloj no perdonan y ya casi estamos sobre los 90’. Los rojiblancos ganan un córner. Como es usual, los defensas peruchos, verdaderos saltadores se meten al área a ver si pescan alguito. Cuando Peña manda el delivery, Abram y Araujo ya se han metido al punto X. Alguien tumba a Abram de un puñetazo y este queda tirado como quien toma una siesta después de tanto trajín. No es maña, le han dado una chiquita bien solapa. El rebote lo recibe Araujo que manda el patadón pero la chancha choca en un celeste. Araujo se ha quedado en el área por siaca. Abram también se ha quedado en la candela, pero tirado al piso retorciéndose de dolor. Nadita gil, no se levanta ni interviene para no quedar en offside. La redonda cae a los pies de Zambrano que la juega para Quispe por la derecha y este manda el centro a la olla con curva platanar. Araujo la va midiendo, salta solito y la mitrea. La gorda choca en la barriga de Rochet, se le resbala como trucha enjabonada y se mete a la valla con saltitos de conejo. Como dicen los piuranos, golazazazo.

Poniendo el trasero en baño María…

¿Qué los celestes no lo marcaron? No importa. ¿Qué Araujo la cabeceó mal? No importa. ¿qué fue regalo de Rochet? No importa. Lo que importa es que los veintitantos mil espectadores (sin contar a los que entraron con entradas revendidas por los dirigentes) saltan, gritan, lloran y aplauden, porque después de varios años celebran un triunfo que logra hacerlos olvidarse por unos minutos de la huelga de transportistas, de los politicos corruptos, de los secuestradores, de los extorsionadores. Ya después harán gárgaras para la ronquera, pero hoy la celebración es porque dejan en el último lugar a la selección sureña.

Total, Rochet es el pagapato de la noche, Varela se come la vela, Valverde se pone azul, Fonseca se reseca, Olivera se convierte en huevera, Arrascaeta se rasca la jeta ¿y Bielsa? Tanto rato se ha sentado sobre el cooler que ha tenido que calentar el trasero en baño María. Buenas noches.

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