viernes, 21 de enero de 2022

PERÚ GOLEA A LOS PAISANOS DE USAÍN Y MARLEY

 Por Manuel Araníbar Luna


Cuando mencionan Jamaica, el hincha imagina a personales famosos como Bob Marley, Ussain Bolt y Patrick Ewing. Se sabe que Marley era músico rasta, y el hincha imagina que los jamaiquinos bailan como Uribe y Chorri pero con la trenzas atadas como quipus; que Ewing era basquetbolista, por tanto sus jugadores saltan como panteras, y para terminar, que son veloces como Usaín Bolt. La realidad es otra:


  • Primero, los jamaiquinos son algo quimbosos y bailan  reggae, pero cualquier pichanguero del Rímac la  pisa y la toca mejor.
  • Segundo, son altos y fornidos. Anoche cada perucho que chocaba con ellos rebotaba como borracho contra mototaxi amarilla. Pregúntenselo a Jairo Concha y a Nilsson.
  • Tercero, también van bien por arriba, como en el mitrazo sorpresivo que con la justa pudo manotear Gallese, y eso que tenía más trenzas que los jamaiquinos.
  • Cuarto, la velocidad. Si, tienen mucho de eso. Pareciera que todos ellos han sido escogidos por Usaín, porque los jamaiquinos llegaban primero cada vez que un perucho les picaba la pelota. Sus contragolpes parecían carreras de guepardo contra tortugas. 

 

Mucho gusto en conocerlo…

Si algo se podía rescatar en el primer tiempo era su orden táctico para aguantar, contragolpear, regresar y -sobre todo- meter taba. En cuanto al rendimiento de su equipo, hasta ahí nomás llegaban, porque los partidos no se ganan con tamaño, fortaleza, velocidad o agilidad. Se puede ganar con quimba pero sabiendo driblear o por lo menos triangular y por supuesto meterla. Y paremos de contar porque a los amarillos del Caribe les falta bastante pelota callejera. Apenas arrancó el partido los peruchos entraron medio palteados, quizás se sorprendieron con la velocidad de los canarios. Los volantes se juntaban pero se amarraban entre sí. No había un buen armado, pareciera que recién se conocen

—Mucho gusto, yo soy Ballón.

—El gusto es mío, yo soy Peña. 

—Y yo soy Jairo Concha, mucho susto.

Es que Conchita se asustaba cada vez que trataba de driblear a un amarillo. Apenas lo tocaba un rasta rodaba como palitroque de bolos (tanto le dieron que al final pidió  su cambio).

Chocando contra la pared…

Los delanteros no tuvieron ninguna clara, ni siquiera una yema. No podían penetrar a esa maraña de jugadores y abusaron del pasecito lateral que fue fácilmente controlado con estorbo de dos contra uno y pierna fuerte.  Los caribeños se amontonaban como en tono chichero y contragolpeaban como balas.

Lo único peligroso que tuvieron fue un mitrazo venenoso que el Pulpo sacó con las uñas estirándose como el Hombre Elástico cuando la bola se metía sin permiso con saltos de canguro.  El arbitro che, sopleteó y se retiraron a rociarse spray en el camarín porque todos quedaron magullados por chocar con esa especie de robocops pintados de amarillo. ¿Y luego? A descansar. Más ná.

Entran los celestes y cambia el partido…

Para el segundo Paul MacCartney el asunto cambió. ¿Qué les pasó a los jamaiquinos? ¿Miedo a la tercera ola, ¿no trajeron su chivato al curry? Lo cierto es que el orden y los saltos del primer tiempo se les quedaron en el camarín, porque empezando nomás, un centro de Yoshi revoletea hacia la izquierda donde Callens la pivotea hacia la olla. Los dos canarinhos que cuidaban a Iberico se quedan pegados al pasto, y el jugador de Melgar salta solo y la mitrea a la derecha de Knight que estaba a contrapié,  pero no la alcanza. Uno a huevo.

Después del gol, los jamaiquinos además de desordenados quedaron imprecisos. ¿estarían pensando que no le habían echado llave al camarín? El asunto es que empezaron a meter la pata, mejor dicho, a meter las cuatro patas. (que no es lo mismo que meter taba porque lesionaron a Concha). Cada vez que salían les regalaban la pelota a los peruchos que agradecían tan generoso gesto. A la mitad del segundo tiempo entran tres cerveceros -Gianfranco, Lorita y Calca- que le cambian el cacharro al partido. Gianfranco que se les pega como gel a los veloces jamaiquinos sin dejarlos voltear ni respirar. Calca tocando, triangulando y cambiando de ritmo a punta de cintura. Lorita entra un poco desordenado pero luego se proyecta y hace flecos a un tronco amarillo patito, aprovechando el acojudamiento y la prisa por empatar de los canarios.

 Un par de miutos después viene el regalo, por fina cortesía de un mesero caribeño que le obsequia la pelota a Valera que lleno de valor fusila al desesperado arquero y con ello anota el segundo de la lista.  Siguen los toques y paredes. Lorita falla su primera salida, pero luego se proyecta y le destroza la columna a su marcador. Entra Polo por Lucho Iberico para cuidarla, no vaya a ser como el anterior partido en que los paisanos de Rubén Blades les empataron cuando estaban ganando fácil.

Pintura de Yoshi…

Faltan 10. Llega entonces el huesillo de la mazamorra, el golazo de Yoshi.  Jairo se proyecta por derecha y mete la bomba a la candela. La rechaza un defensa, el chalaco Lorita se la juega de mitra al otro chalaco, Yoshi, que se la acomoda con toda tranquilidad. Los jamaiquinos no salen a marcarlo, se acomodan esperando el centro. Viendo que nadie se le acerca, Yoshi mira al arco, mide la distancia y no dispara fuerte, sino que la coloca donde no iba llegar el ágil arquero. Tres a huevo y esto es definitivo. De ahí en adelante los peruchos la protegen, la abrigan, la arrullan y la hacen dormir hasta que el tremendo juez dice chau. Buenas noches.

CODA

¿Sirvió el partido? Los jamaiquinos serán fuertes y ágiles, tendrán carrera pero adolecen de los que les sobra a los cafeteros: el toque palomilloso. En fin, no está mal el partido teniendo en cuenta que falta poquito para ir a Cafelandia y es mejor ganar a una selección de poca monta que pichanguitas con conos de entrenamiento.

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lunes, 13 de diciembre de 2021

POR FIN TE TUVE EN MIS BRAZOS

 Por Manuel Araníbar Luna


No, no es una carta de amor tras un encuentro cercano del tercer tipo ni el título de una balada romántica, mucho menos una telenovela turca. Es la realización del sueño de un niño hincha celeste por tocar la camiseta del club de sus amores. De ello escribimos hace algunos años al recordar la primera vez que estuve tan cerca de la camiseta cervecera, mas no la pude tocar. 



Seis décadas de espera…

Y bien ayer, en mi visita a La Florida, bajo un altísimo toldo repleto de recuerdos con los cuales a cada paso uno recuerda sus visitas al estadio año tras año, luego de más de seis décadas de espera volví a encontrarme con el primer amor de mi niñez, aquel inexplicable sentimiento que echa raíces en el alma del hincha, se enrosca alrededor del corazón y no se despega ni con la muerte.

Ya yo era hincha celeste, ya conocía el estadio, pero a las camisetas celestes de los jugadores sólo las había visto desde lejos, desde la desaparecida perrera del Nacional. No era costumbre de los hinchas caminar por las calles con la camiseta de su equipo, algo que hoy a nadie le llama la atención.

En el único sitio que se vendían artículos deportivos era en la Avenida Abancay frente al Congreso y en la Casa Tito Drago. Aquella vez, a mis escasos nueve años acompañé a mi padre al centro de Lima. Cuando pasamos por la casa Tito Drago, por donde hoy pululan los cambistas, le rogué a mi viejo que me deje pasar a mirar -y sólo a mirar, le recalqué- los artículos deportivos que para un niño son tesoros de pirata: pelotas, camisetas, shorts , medias, trofeos, banderines, chimpunes y cientos de cosas más. Mi padre se quedó esperando en la vereda.

Las alas del murciélago…

Fue la primera vez que desde muy cerca, aunque protegido por la vitrina  de exhibición,  vi un pálido maniquí calvo, sin ojos ni piernas vestido con la hermosa camiseta cervecera. Esta era color cielo, satinada, de blanquísimo cuello de solapas enormes como alas de murciélago. Me olvidé de las pelotas amarillas #5, de los chimpunes y trofeos de diferentes tamaños y formas. Todo se difuminó alrededor de la camiseta. Quedé hipnotizado mirándola y remirándola desde el cuello hasta el escudo con las letras SCB coronado con la banderita rojiblanca.

Don Tito Drago, un hábil vendedor, se acercó y preguntó si me gustaba y a la vez trataba de ver quién me acompañaba para meterle labia y venderla. No le contesté y salí a la vereda donde mi viejo me esperaba con un helado. Luego preguntando y repreguntando a los mayores del vecindario me enteré que no se vendía esas camisetas en tallas para niños, en aquellos tiempos allí sólo se vendían en talla L o se mandaban confeccionar en la avenida Abancay, pero sólo al por mayor.

Hoy, por cortesía del amigo Gino Paoli, por fin la tuve en mis manos, y para colmo acompañada de la camiseta alterna, aquella que casi nunca se veía en las canchas. Todas estas emociones justo en el aniversario 66 de mi querido equipo, aunque solo para la foto. Ya estaban ajadas. Las huellas del tiempo habían dejado su huella, pero la camiseta color cielo es un tatuaje celeste, como diría la Pepa Baldessari, “esta es mi piel”. Por fin cumplí mi sueño, aunque sólo por un par de minutos para la foto de los inicios de la pasión que uno siente por el equipo que escogió de niño.

Esta es mi piel…

Es que un hincha puede cambiar de ropa, de marca de cerveza o de novia. Uno puede viajar al sitio más lejano del mundo, pero nada ni nadie jamás embargará el sentimiento por su equipo. No obstante, hay algunos resentidos que por algún fracaso se pasan al otro bando. Esos no son hinchas, son convenidos. Un verdadero hincha sigue sufriendo por su equipo, aunque agonice en los últimos lugares de la tabla. Como sucede con los padres que jamás dejan de querer al hijo que camine en malos pasos o agonice en la última lona, el verdadero hincha quiere más a su equipo por más golpeado que se encuentre. 

Esto se pudo comprobar en la época más fatídica del elenco celeste, el terrible certamen del 2007 cuando los celestes estuvieron a punto de descender de categoría. La hinchada comenzó a repletar el estadio dándole el aliento que necesitaba un equipo que desfallecía, hasta que al fin el milagro se dio.

¡Feliz 66° aniversario, equipo de mis amores! ¡Fuerza Cristal toda la vida!

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domingo, 12 de diciembre de 2021

¡TREMENDO EQUIPO BICAMPEÓN 79-80!

Por Manuel Araníbar Luna


Teníamos que ir a La Florida sí o sí, llueva o truene. Y todo porque supimos que por el 66° aniversario del Sporting Cristal se exhibirían en La Florida los trofeos y camisetas celestes de todos los campeonatos. No había que pensarlo dos veces. Un verdadero hincha celeste no se puede perder la oportunidad de tener tales joyas a la distancia de un apapacho de novio.

Luego del nostálgico paseo de las remembranzas, como era de esperar, empezaron los brindis. Y para calentar la celebración por la rica historia cervecera, cada uno de los periodistas e hinchas relataba una anécdota de su repertorio. A mí me tocó hablar de la primera camiseta que vi en mi vida, la del 56 a mis seis años de edad, de lo cual escribí años atrás.

Las eternas olvidadas…

A cada paso que dábamos en el salón de los recuerdos cerveceros, cada camiseta, cada trofeo, cada medalla removía con cucharita de plata los conchos de la memoria y suscitaba comentarios de abuelitos a sus nietos:

—ah, esta es del año tantos cuando campeonamos con goles de…

Me causa admiración la paciencia e iniciativa del amigo Gino Paoli para coleccionar las inconfundibles camisetas celestes en una rica historia de más de seis décadas, las cuales muchos conocían sólo por fotos de antiguas revistas o amarillentos álbumes ajados por tanto manoseo de adolescente. Sin embargo, nos maravillaba más su obstinación para hacerse dueño incluso de las antiguas casaquillas alternas, aquellas que se hongueaban en el baúl como los eternos suplentes, las olvidadas camisetas a las cuales nadie les paraba balón, las que el utilero desempolvaba del equipaje cuando había que jugar de visita contra un equipo con camiseta de color parecido, pero luego del partido se guardaban dobladitas entre los trapos viejos con la promesa de “quédate ahí quietita que en cualquier momento venimos por ti”.

La jaqueca de don Marcos…

Cada camiseta tiene una historia propia, única y no intercambiable. En sesenta y seis años hubo tantas que habría que escribir un libro para cada una con los jugadores que la sudaron aquel año, anécdotas de tal o cual partido, entrenadores de aquel año y uf, sería tarea de Funes el Memorioso dictarle cada detalle al escribidor de los deportes. De modo que escogimos una camiseta al azar, la de 1979. Vimos al profesor Roberto Mosquera al lado de las camisetas con las que campeonó como jugador en los años 79—80 y, click, el flash de los recuerdos despertó a los hámsters en la pantallita virtual. ¡Mamma mía, qué equipazo el del 79!

La dirección estaba a cargo de don Marcos Calderón (+), el entrenador de genio fuerte y piernas chuecas, cuyos gritos se escuchaban de tribuna a tribuna: “¡Suba Fernando!” para que Mellán vaya a saltar, cargosear y distraer a los centrales adversarios en los tiros de esquina a la valla rival y tan pronto terminaba la jugada roncaba nuevamente: “¡Regrese Fernando!”. A Uribe lo tenía loco: “¡suelte la pelota Julio César!” porque el Diamante no la soltaba ni para ir a bañarse. Don Marcos no aguantaba engreimientos ni jugadores resaqueados. La obtención del bicampeonato se debe en gran parte a la férrea disciplina que impuso a su plantel.

Imaginamos la jaqueca que le daría cada fin de semana a don Marcos Calderón para escoger sólo a once jugadores en una planilla de en la cual todos eran de buenos para arriba. Quiroga, el capitán Chumpi, Soria, el Mudo Gutiérrez, el Loco Carbonell, Panadero Díaz, el pundonoroso Navarrito, el tío Mellán a quien muchos querían jubilar porque ya estaba por doblar la esquina de Bejarano pero aún seguía macheteando y ganando los saltos a muchos delanteros más altos que él. ¿Cómo no te voy a querer, querido equipo cervecero?

Smoking y overol…

El mediocampo era una mezcla de artistas de smoking y corbata michi con obreros de overol y maletín de herramientas: el Flaco Quesada, un volante con velocidad de caballo de carreras y gasolina como para tres partidos al hilo; Pedrito Chinchay con las mismas características del flaco, y que también la tocaba en paredes de tuya y mía. Julio Aparicio, campeón sudamericano el 75; El Cabezón Mifflin a quien ya se le hinchaba la guata pero no perdía la visión panorámica y seguía lanzando los misiles kilométricos para sus punteros; Lucho Reyna, el mismo que años después borrara del campo a Maradona. ¿Cómo no te voy a querer, cuadro querido?

El Dúo Dinámico…


El centro delantero era el Trucha Rojas, un valiente ariete que triunfara en Argentina. En el puesto nominal de 10, cinco metros detrás del Trucha, un chibolo quimboso llamado Julio César Uribe, con un dominio endiablado de la pelota al punto que la gorda le obedecía como cobra embelesada por un faquir que inventaba nuevas jugadas en cada partido. En la banda derecha su compadre Roberto Mosquera, un rapidísimo puntero al que Muñante le ganaba tan sólo por un par de décimas en los cien metros planos. Ese par de chibolos que jugaban juntos desde los diez años hacían paredes y toques de pa’ tí pa´mí, la hacían bailar la bamba, la bemba y la bomba y la hacían cantar “tócame suavecito”. Y en verdad la tocaban con chimpún de seda, tan suave que ni ella se daba cuenta; bordaban filigranas en punto telaraña, armaban Legos y trazaban en el gramado las figuras de Nasca, pero con luces celestes y se comunicaban por telepatía. Ya sabía Mosquera que Julio César se la iba a centrar para conectar el enchufe y hacer el cortocircuito con relámpagos en el arco del enemigo. O viceversa, Roberto se llevaba a varios en diagonal y luego entregaba la ofrenda para el Rey de Diamantes que la metía como viniera. ¿cómo no te voy a querer, cuadro querido?

Tin Marín de do pingüé…

Por la punta zurda otro maestro, el Ciego Oblitas con su trajín incesante, que no la esperaba que se la pasen, era él mismo quien bajaba en apoyo de su defensa y a pedirla a sus compañeros, tarea que hoy no llama la atención pero que en esa época era inusual. Como si fuera poco, también jugaba Cachito Ramirez, que al año siguiente fue goleador del equipo y que había perdido velocidad, pero metía goles de folha seca; sin dejar de lado al veloz Ortiz Campos, sobrino del doctor Eloy. Con tantas figuras en aquel álbum celeste, para escoger a los once que saldrían a la cancha don Marcos no sabía a quién sacar de la lista, tendría que quitarse la migraña optando por el  tin marín de do pingüé, cúcara, mácara, títere fue…

Este equipo, con pequeñas variantes, fue la primera Máquina Celeste que de nuevo campeonó en 1980, logrando así su primer bicampeonato y además ostentando un récord de invencibilidad en veinte partidos. ¿Cómo entonces no te voy a querer, cuadro de mis amores, si me diste tantas alegrías?

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lunes, 6 de diciembre de 2021

¡LA FINAL DEL 2012: SOMOS CAMPEONES OTRA VEZ!

 Por Manuel Araníbar Luna


Para el inicio del suplementario los cusqueños llegan ya un par de veces al arco del Loco Delgado que los desbarata con serenidad. Les hace cachita como si sus disparos fueran pataditas de monja. Advíncula, Ayr, Pacho y el Chasqui no dejan pasar ni el aire. Pacho aporta su experiencia contra los ataques desesperados. Los armadores hilvanan jugadas tocándola como partido entre solteros y casados.



Los enroques de Mosquera…

El cervecero se acomoda esperando que los visitantes se manden al hachazo. Los rivales insisten en pelotazos. Y se mandan feo, pero la defensa responde con solvencia. Piki es un pitbull que muerde a todo lo que se mueva con camiseta blanca. Es el tanquecito de acero que corta todos los avances enemigos, el carrito chocón que pone la pierna fuerte y gana en el pecho a pecho. Sin embargo, dicen los abuelos que bueno es culantro pero no tanto. El gladiador necesita un chacal que lo secunde. Mosquera hace un enroque ajedrecista, saca a Pincel y mete a Neka Vilchez para que lo acompañe. Loba, cinco metros más arriba, manda delivery para Irven y luego para Junior; llevando así a los rivales de una vereda a otra. No obstante, por tanta patada recibida, Loba-27 empieza a renguear. El DT de los ternos elegantes saca a Carlitos y mete a Rengifo para estorbar a los centrales cusqueños. Luego saca a un exhausto Junior Ross (que todo el partido ha contragolpeado destrozando cinturas por ambas bandas) para poner al Flaco Marcos Delgado. No obstante, aún había que enfriar el partido.

El Concierto del Burrito…

¿Y cuál es la otra estratagema de Mosquera?  Le ordena a Burrito Mariño que haga chiches, tacos y huachas, que busque fouls, que la meza y la haga dormir cantándole “arrorró mi niña”. Burrito ejecuta su Concierto para Copa de Oro con Taco y Pisada Opus 16 y acompañamiento de huachas, paredes y acompañamiento coral del Extremo Celeste. Pobres rivales: Garcilaso se convierte en Facilazo. Granda se achica, el arquero Goyo se queda en el hoyo, Alloco se aloca poco a poco, Flores se marchita, Ramos se va a Roma por las ramas, Huerta es una puerta abierta, el histérico Ciucci se encurrucha (con rima en hucha) y aplica patadas que merecen -más que expulsión- seis meses de prisión preventiva. Al Burrito le han caído, mínimo, unas cincuenta patadas y en ninguna reclama ni pide tarjeta. Se levanta, la vuelve a acariciar en cámara lenta y los rivales lloran. El tiempo no avanza.

El manotazo del Loco…

Erick recién se ha recuperado de una larga lesión y la hinchada no lo ve tan ágil como el tigre saltarín que siempre fue. Llega entonces la segunda jugada cumbre del partido, la definitiva. Si Junior ha metido el gol del campeonato, Erick ha hecho la acrobática salvada que evita el empate y, por ende, la tanda de penales. Un delantero de blanco manda un petardo por alto. Erick la desvía con los dedos y cae como un saco de cemento con guantes. La pelota rebota en cámara lenta a los pies de un visitante, justo para que la volee linda, fuerte y con paradero final a las mallas. El Loco que estaba tirado en el suelo da tremendo salto de tigre, en el aire se impulsa mucho más y la desvía otra vez con las uñas. ¡Uf, qué alivio!  “Ya no entra”, decimos los viejos hinchas, “ya no pasa ni el aire”. Luego de esa salvada del Loco nos convencemos de que los de blanco no llegarán más. El Loco es una barrera más alta que la torre de Lima protegida por los cuatro guardianes de la bahía que no dejan pasar ni al Papa Francisco con muletas.

Esta noche nadie duerme…

Tarjeta roja a Charapa por falta inexistente. Huerta se gana la roja por impotencia. Los relojes mentirosos nos dicen que falta poco. ¿Poco? ¡Falta un siglo! El reloj avanza más lento que una procesión. Con la mente lo apuramos, soplamos las agujas, pero el reloj se planta como mula terca. Falta un mes. En la cancha empiezan los pasitos, los toques y los oles. A los bajopontinos les brota la palomillada rimense de fulbito en la cuadra con dos piedras. Mientras las barras de las cuatro tribunas siguen cantando y saltando en la alfombra verde siguen los toques de billar a tres bandas, y paredes entre los palitroques vestidos de blanco pegados a la grama con cola de carpintero, huachas de mecánico por todo lado. Los volantes celestes la pisan como a cucaracha, la patean como rata muerta o la cambian de banda como botellazo de cantina.  Falta una semana, y la visita no se da por vencida. Faltan horas. Luego, una pequeña trifulca, el árbitro se acerca, chapa la pelota, levanta el brazo y ¡purrrrrr!, ¡por fin se terminan los fatídicos siete años de vacas flacas!

¡Campeones otra vez! Vuelan las bombardas, el aire es una niebla celeste, la pica—pica (ahora le llaman confeti) inunda la cancha y hasta los gallinazos en lo alto de la torre vuelan con tiras de serpentinas color cielo pegadas a sus alas. Todos lloran. Y nadie se va del estadio vivando el trote olímpico del Loco Delgado con la copa en sus manos y los jugadores e hinchas siguiéndolo. Todo el Estadio ruge “ese es Sporting Cristal, Cristal, Cristal¯¯¯." Esta noche no se duerme. Celebremos, campeones. Buenas noches.

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sábado, 20 de noviembre de 2021

LA PREVIA: CELESTES AFINAN LA PUNTERÍA

Por Judith Araníbar.



Y llegó el momento crucial. Este domingo se jugará el primero de los playoffs entre el once rimense, vencedor absoluto de la fase 1 y del acumulado versus el equipo de Matute ganador de la Fase 2  



En la fase 1 los celestes campeonaron galopando pese a que en pleno campeonato se desarmó su mortífera delantera que fue el terror de los equipos rivales en el certamen del pasado 2020. Este año los cerveceros compitieron en simultaneo en varios campeonatos.

  • Fase 1 de la Liga 1.
  • Copa Libertadores
  • Copa Sudamericana
  • Copa Centenario.

Como resultado de este recargado y complicadísimo trajín, varios jugadores terminaron con terribles lesiones de las que algunos aún no se logran recuperar. Aun así, el DT cervecero Roberto Mosquera supo mover sabiamente los trebejos recurriendo a los adolescentes canteranos para que los celestes alcanzaran el primer puesto en el acumulado, lo que les da la opción de escoger el partido de vuelta.

El tono dramático y que da más emoción a los playoffs es que en la penúltima fecha de la Fase 2 el once celeste le quitó el invicto al equipo de Matute anotándole tres goles a un cuadro que mantenía la valla menos batida del campeonato. Los goles cerveceros fueron de Riquelme que hizo doblete y uno de Ávila.

Últimos 4 enfrentamientos:

24.10.21 | Alianza Lima 1-3 Sporting Cristal

02.05.21 | Sporting Cristal 2-1 Alianza Lima

25.08.20 | Sporting Cristal 1-1 Alianza Lima

04.12.19 | Sporting Cristal 1-1 Alianza Lima

 

Probables alineaciones

Sporting Cristal: Duarte; Lora, Chávez, Merlo, Loyola; Castillo, Calcaterra, Gonzales; Ávila, Liza y Riquelme.

Alianza: Campos, Portales, Míguez, Vílchez, Mora, Lagos, Ballón, Benítez, Concha, Aldair Rodríguez y Barcos.

 

Estadio: Nacional

Fecha: 21 de noviembre

Hora: 15:00

 

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jueves, 18 de noviembre de 2021

GALLESE UN GIGANTE Y CUEVINHA CRECIÓ

Por Manuel Araníbar Luna


Un vecino de esos que ven el vaso medio vacío nos lo resumió en unas frases “Jugamos mal contra los más malos pero ganamos. Los más malos jugaron bien y nos dominaron, pero perdieron. Apuesto que jugando bien íbamos a perder. 


Un cuadro de Picasso al revés.

Esta especie de trabalenguas de mi vecino tiene mucho de razón. Es que ver este partido luego del vale triple contra los boliches era como ver un cuadro de Picasso al revés.  ¿Qué pasó, qué pisó? (son palabras de Pocho Rospigliosi).

Primero, ya lo dijo Pocho, el piso, mejor dicho, la cancha. Todo dueño de fecha la arregla o desarregla como quiere, esto lo sabemos todos. Los venecos -nadita giles- mojaron la cancha en la víspera, lo volvieron a hacer en la mañanita y antes del partido repitieron el riego. En el entretiempo la volvieron a regar. Si querían que Perú se sumerja en un pantano lo consiguieron, la diferencia es que tuvimos a Gallese, al Bambino y a Cuevinha.

Segundo, lo mismo de casi siempre, cuando los peruchos se enfrentan a un equipo grande como Argentina o Brasil los blanquirrojos se tiran para atrás. Sólo dejan adelante a uno en punta sin tajador. Esto es explicable porque se reconoce el mejor nivel del rival. Esta vez, contra el sentido común, tocamos retirada contra el equipo que siempre está en el sótano de la tabla. Eso debe estar escrito en la pizarrita de acrílico con su respectivo plumón, pero al pisar una cancha lodosa, con un calor de 37°C hasta el plumón se derrite.

Tercero, el humo fue que los cojumentaristas de siempre  dieron su sermón de sabelotodo en jarabe de lengua:

—No se preocupen, el partido está papayita. No juegan Soteldo ni Rondón que son los capos, el resto son paquetes de muestra gratis para llenar la lista de 11.

Los mensajes eran de tanta panudez y soberbia que los hinchas se la creyeron, y hasta los más pesimistas como mi vecino metieron su plata en las casas de apuesta y a ganador, ya estaban contando sus ganancias de la noche.

—nah, a los chamos les ganamos con ocho jugadores enyesados aunque ellos sean quince en la cancha. Ta’ facilito.

¿Facilito? ¡Las huellas!

Sucedió todo lo contrario.  Los de la concho de vino eran dueños de la fecha y por supuesto, como locales se apoderaron de la cancha. Apenas el referí sopló el piticlín asustaron un par de veces poniendo en aprietos a la defensa rojiblanca. Luego del susto los peruchos empezaron a tejer, hilvanar y parchar las situaciones, aunque no tanto como para echarse una siesta panza arriba y esperar que los goles lleguen solos.

Menos mal que luego del apretón inicial los granates les dejaron un cachito de soltura y los rojiblancos empezaron a llegar, no mucho, pero al menos para crear un pequeño peligrito, una sirenita de alarma en el área de los chamos. Usaín se escapa por derecha y lanza un centro arrastrado que la Culebra venenosa empuja con el taco, la rechaza un defensa que deja al Bambino en coitus interruptus, un casi-casi autogol. La siguiente escapada fue una serie de toques en pared que al último remató la Culebra pero el veneno se le quedó en el camarín.

¡Pizza e vino para el Bambino!

Bien, a veces dicen que a la tercera va la vencida, en este caso a la tercera fue la apertura. La serie de toques empieza desde la salida del área perucha. Yoshi vio que el Bambino esperaba su porción de pizza en el medio campo, este recibe la pelota (y también un codazo que el árbitro no ve) y abre para Cuevinha que viene por la zurda. El bambino resbala en la cancha fangosa pero se levanta como gladiador turinés para recibir el encargo y devolverle el paquete a Cuevinha. Este levanta la mitra y la pasa a la Culebra que serpenteando por derecha le envía un dron con efecto a la cabeza del Bambino que no hace más que meterla entre el palo y el arquero venezolano. ¡gol di testa del guerriero mascherato que corre, una pirámide rojiblanca lo tapa al punto que le desabrochan el antifaz de llanero solitario (ya los chibolos se están comprando su antifaz). Uno a cero. Luego los granates tienen a maltraer a los peruchos, algunos van a las casas de apuestas a meter su plata a la contra porque ven que la mano venía peluda y con uñas largas. Así se van al descanso con dos limones en las amígdalas.

En el segundo tiempo cae una granizada sobre el área perucha. Gareca se despeina gritando que están regalando el medio campo y no están armando ni un rompecabezas de cuatro bloques. Los venecos tienen una puerta abierta y si no se meten al arco es porque Pedrito está en su noche. El empate se ve venir y al fin llega con una jugada melliza del gol peruano con la diferencia de que el remate final del delantero es de puntazo cruzado. El ataque de la concho de vino no se detiene y se pierden el gol de la volteada cuando un chamo hace a la Tarántula un sombrero cajamarquino que sale desviado, ¡uf!. Los peruchos le dan su vuelto. Un zurdazo de Trauco da en el poste venezolano. Otro pase de Cuevinha para Canchinha le sale muy arribinha.  

Gol con el dedo gordo…

Llega entonces la pintura del encuentro. Una infracción al borde del área caraqueña da lugar a tiro libre. Cuevinha la chapa y no la suelta ni con orden del juez. Es suya y los chotea: “por favor salgan todos que yo sé lo que hago”. El chato huamachuquinho mira a derecha e izquierda y se empina para ver dónde está el arquero, que ordena su barrera con los jugadores más altos. Un granate se acuesta a tomar la siesta por si las moscas detrás de la barrera en caso de que al chato le ocurra arrastrarla por el piso. Cuevinha le da con el dedo gordo y la pelota vuela con curva de plátano bellaco pero a Ferraresi se le ocurre meter sus narices y desvía la pelota que entra limpia hasta el fondo de la canasta petrolera. 2 a 1.

“Pedro nuestro que estás en el arco…”

Las cosas que suceden: Peú sin dominar va ganando. Venezuela domina, pero la pelota no entra. Un granate lanza centro que Trauco manotea creyendo ser el arquero. Penal. “Trágame tierra” dice Trauco pero la tierra caraqueña no traga a los peruanos. ¡uf, la canción! A rezarle a San Pedrito, patrono de los arqueros que los van a fusilar. El encargado es Machíz.  Los jugadores peruanos le meten labia y floro en jerga y en quechua. Mientras el Ave Pedro aletea como mariposa con los brazos tan largos que llegan a los postes. El arco se le achica a Machiz que patea fuerte pero ya la Pantera se ha lanzado y la manotea. El rebote lo revienta Ramos hasta la tribuna. Trauco se desentierra, sale llorando del ataúd, camina como los muertos vivientes y promete invitarle juanes a la Pantera si le regala los guantes para ponerlos en un altar con su velita misionera.

Gareca, poto de muñeca…

¿Y que sigue? Ataques y más ataques, disparos y más disparos pero Pedro Gallese que al inicio del partido era una tarántula de 1.90 de estatura se ha convertido en un pulpo de 2.50mts que las saca todas con sus ocho brazos. Al final de la contienda ya es  una pantera gigante de tres pisos de altura y sus brazos son dos paletas de helicóptero. Se lleva cargados en un brazo a Cueva y en el otro a Trauco que promete regalarle juanes y tacacho con cecina para todo el 2022; Bambino le traerá Pizza, y Canchita chifles. Gareca le ha prometido parrillada, pero vaya usted a creerle a un argentino que es más duro que poto de muñeca (espérate sentado porque parado te vas a cansar). Buenas noches.



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