viernes, 23 de octubre de 2026

A DOÑA ESTHER GRANDE DE BENTÍN, A 50 AÑOS DE SU PARTIDA

Por Manuel Araníbar Luna

Buenas tardes, doña Esthercita. Sé que nos lee. Sé que nos observa desde allá arriba, desde la tribuna de la eternidad, siempre con Don Ricardo y su hijo menor Ricardito al lado suyo.

Ya sabe usted, madre querida, que su equipo celeste ya obtuvo veinte copas, y gracias a que nos inculcó la insistencia por lograr más sonrisas y alegrías, pelearemos siempre por lograr más galardones, porque al vernos celebrar usted sonreirá. Ese será nuestro mayor premio

Cincuenta años han pasado, y su voz aún nos abriga desde hace setenta años cuando no solo fundó un club en el Rímac, sino que le infundió un alma. Un club que, como dicen las crónicas, nació campeón, porque nació del amor.

Dama de misa diaria y rosario en mano. Su catolicismo no era de vitrina, era de rodillas. Creía que Dios también jugaba en el Rímac, y por ello oraba.

Oraba en silencio. Con esa bondad que no hace ruido.

No buscó tribuna y por su amor al prójimo amó a los jugadores como si fueran sus hijos: Les cambió los chimpunes gastados por unos nuevos. Y no sólo les dio una camiseta celeste, les dio un hogar. Los corrigió como madre, los esperó como se espera a quien vuelve a casa. Para cada uno tuvo un plato de consuelo, una palabra de aliento, una bendición escondida en el bolsillo.

Y fue usted, mujer de fe y de temple, quien nos regaló el grito que nos haría eternos.
Cuando el miedo apretaba, cuando el partido se iba, de su garganta de madre salió el conjuro, la plegaria hecha aliento:

¡Fuerza Cristal!


No fue un grito de guerra. Fue una oración. Fuerza para levantarse. Fuerza para creer. Fuerza para ser Cristal.

Hoy, a cincuenta años de su encuentro con el Señor, no la lloramos. La evocamos. Porque las damas como ella no mueren: se vuelven luz. Se vuelven ese celeste del cielo de Lima que nos mira cada domingo a las tres y media de la tarde.

Gracias, Doña Esthercita. Descanse en la paz que usted siempre nos enseñó a buscar, usted que siempre nos pidió buscar el triunfo con humildad y sin soberbia.

¡Fuerza Cristal, ayer, ahora y siempre!








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